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Sitio de oración por las comunidades “non una cum”

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La conducta racional

La conducta racional debe constantemente corregir incomprensiones, aclarar oscuridades, rectificar afecciones. Pero todo eso es el ejercicio de la razón, facultad superior en relación a la vida de la sensibilidad. Ahora bien, la sensibilidad, que debería estar sometida a la razón, dista mucho de estarlo. Y ejercer una facultad superior para poner en orden lo que debería estarle sometido y que no lo está siempre, es algo que se hará necesariamente con dureza, rigor y amargura, si aquel que ejerce esta conducta racional no está totalmente despojado de sí mismo.

He aquí porqué Nuestro Señor es tan severo en el Evangelio contra los que juzgan a los demás, o los tratan de tontos o locos. Esta severidad de Jesucristo envía directamente al infierno a los que tratan a los demás de locos (Mat. 5, 22). Evidentemente, no es por el hecho de decir humorísticamente a alguien: “estás loco”, que uno se irá al infierno. Pero si se tiene respecto del prójimo una actitud constante de dureza o de señalador de errores por creer ver más claro, tener una mejor opinión o una intención más recta, entonces se llega a poseer una actitud constante de orgullo, actitud contraria a la de un hijo de Dios.

La actitud cristiana es la misericordia. Conviene tratar a los hombres humildemente intentando aportar un poco más de luz y rectificar lentamente. Si algunos moralistas han dicho con exactitud que no hay nada más difícil que tener razón, eso no quiere decir solamente que es difícil llegar a la verdad, sino que significa que cuando se está en la verdad, no hay nada más difícil que conducirse bien según esta verdad para hacerla comprender, adoptar y amar.

 

Jesucristo es la bondadosa misericordia

 

Señalemos también que la regla dada al jefe de familia de estar en conformidad con Jesucristo, nos hace comprender la que fue y es la actitud de Nuestro Señor. Y, al comprender la actitud de Jesucristo, comprenderemos mejor la que deben tener los esposos cristianos el uno para con el otro.

Y bien, Jesucristo está constantemente sin amargura. Su amor por nosotros es tal que, sea lo que sea que hayamos hecho contra la ley divina, contra su amor, él sólo nos mira con misericordia. Sólo tiene la voluntad de perdonar. Sólo tenemos que creer en este amor invencible de Jesucristo –y creerlo de manera activa por la contrición para volver al orden.

Jesucristo es verdaderamente el Esposo que no tiene ninguna amargura. Esta es una de las verdades más importantes en la vida espiritual. Si se conociese el amor misericordioso de Dios, se entraría en su pensamiento: se sabría lo poco que uno es, se conocería la miseria e indigencia del hombre; pero se conocería mucho más aún la infinitud del Dios que nos ama, del Dios que nos purifica y nos eleva a él, del Dios que nos salva.

Se es cristiano en la medida en que se entra, por la fe, la esperanza y la caridad, en el misterio de la Misericordia divina. Cuanto más se entra en este misterio, más viene a nosotros el reino de Dios.

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