Sitio de oración por las comunidades “non una cum”
Hace ya un cierto tiempo que el autor de este sitio proyectaba su creación. En efecto, queremos llenar un cierto vacío existente en nuestros medios, y fue el día de la Ascensión del Señor que decidimos abrirlo. La fecha fue providencial; esta fiesta nos hace pensar en el Cielo, y justamente, queremos que este sitio se ocupe solo de las cosas del Cielo, solo de temas referidos a Dios.
¿Por qué el nombre de Oblatio munda? Estas palabras latinas significan Oblación pura. Dicho término, utilizado tradicionalmente para designar la Santa Misa, está tomado de la Sagrada Escritura: “Desde la salida del sol hasta su ocaso es grande mi nombre entre las naciones, y en todo lugar ha de ofrecerse a mi nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura, pues grande es mi nombre entre las naciones, dice el Señor de los ejércitos” (Malaquías I, 11).
La Santa Misa, realización de la profecía de Malaquías, es pues la oblación pura; y lo es porque se trata de la renovación del Sacrificio que el Hijo de Dios ofreció sobre la Cruz a su Padre Eterno, porque en ese Sacrificio fue derramada la sangre del Cordero inmaculado, sin mancha. El Cordero sin mancha, el Cordero pascual que los judíos debían comer en el Antiguo Testamento, era realmente una figura del verdadero Cordero, del Cordero de Dios, según palabras de San Juan Bautista (Jn. I, 29) que la Iglesia conservó en su liturgia momentos antes de que el sacerdote administre la comunión a los fieles.
Todo lo que se refiere al Sacrificio del Cordero debe ser puro y sin mancha; en primer lugar, la fe de los fieles debe ser íntegra, pura y libre de todo error. Debemos también presentarnos ante el altar con la pureza de alma, en estado de gracia. Pero he aquí que la pureza del Sacrificio ha sufrido numerosos ataques durante la revolución causada por el espíritu iconoclasta, por la herejía anti-litúrgica, por la herejía jansenista, galicana, protestante, por el espíritu salido del Concilio Vaticano II.
Muchos católicos son escandalizados por las extrañas liturgias celebradas un poco en todas partes. En efecto, cuando entran en las iglesias para asistir a misa, muchos católicos de buena voluntad se encuentran frente a lo que algunos “hombres de Iglesia” han hecho del Sacrificio de Cristo: comunión en la mano y de pie administrada por laicos, liturgia “a la carta” librada a la improvisación de cada sacerdote, o liturgia celebrada directamente por laicos, y, en ciertas regiones, liturgias “inculturadas” (que incorporan los usos de algunos pueblos indígenas, por ejemplo…).
Algunos dirán que se trata de abusos que la autoridad de la Iglesia no aprueba, y sin embargo estos abusos se extendieron por todas partes inmediatamente después del Concilio, y por otro lado se ha podido ver a Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI realizar ceremonias litúrgicas con quienes no son católicos y dar la comunión a los herejes. En efecto, se los ha visto a ellos mismos realizar sacrilegios. Esto es solamente una constatación que se podría corroborar con numerosos testimonios fotográficos. Cuando el abuso es realizado por la autoridad, no es el abuso el que debe ser puesto en cuestión sino la autoridad misma.
Este estado de las cosas es pues el resultado de la reforma litúrgica promulgada por Pablo VI, en la cual trabajaron seis pastores protestantes. Esta reforma “representa, en conjunto y en detalle, un alejamiento impresionante de la teología católica de la Santa Misa, tal como fue formulada por la Sesión XXII del Concilio de Trento” (“Breve examen crítico del Novus Ordo Missæ”, redactado por el R.P. Guérard des Lauriers O.P. y firmado por los cardenales Ottaviani y Bacci). Esta reforma litúrgica es la aplicación del Vaticano II y de sus nuevas doctrinas de la libertad religiosa, de la colegialidad, pero sobre todo del ecumenismo; lo cual no es sorprendente, ya que “Lex orandi, lex credendi” (“la ley del orar es la ley del creer”). Una vez que se cambió la ley del creer, de la fe, se cambió la ley del orar, la liturgia.
Este espíritu protestante –tan alejado de la santidad y ortodoxia de la liturgia católica, tan alejado de la santidad del Sacrificio del Cordero– es difundido por la reforma litúrgica resultante de las falsas doctrinas enseñadas por el Vaticano II. Un tal espíritu, arraigado en el pensamiento de Lutero y su odio del carácter sacrificial de la Misa católica, no podría nunca venir de la autoridad de la Iglesia; ya que la Iglesia es santa, como santa es la doctrina que ella difunde y las leyes que ella establece, como santa es la liturgia que ella promulga. Ella “no puede dar veneno a sus hijos” (Concilio Vaticano I).
Por todo esto, quienes administran este sitio se oponen a la “nueva misa” y al Concilio Vaticano II, que rechazan como no siendo obra de la Iglesia. Así pues, quienes administran Oblatio munda rechazan a los autores de la reforma como no siendo la Iglesia. He aquí la razón por la cual constatamos la vacancia de la Sede Apostólica. No podemos, ni aprobar lo que hacen los modernistas, ni reconocerlos como la autoridad de la Iglesia.
En consecuencia, nada de este espíritu destructor, contrario a la santidad y a la ortodoxia, puede manchar la fe o la liturgia de la Iglesia. Y he aquí que volvemos al origen del nombre de nuestro sitio: Oblatio munda, oblación pura, sin mancha, inmaculada, virgen de este espíritu destructor, virgen de la mención de quienes lo difunden. Este sitio está entonces por la Misa “non una cum”, sin comunión con el actual ocupante de la Sede Apostólica y su modernismo.
Los autores de este sitio sostienen la vacancia de la Sede de Pedro, la cual ha sido expuesta de diferentes maneras. Cada uno de los sacerdotes y laicos que hacen este sitio tienen una posición definida al respecto. Sin embargo, aquí no se trata de hablar o discutir sobre las diferentes posiciones teológicas. Queremos profesar íntegramente la fe católica, y en consecuencia nos oponemos a la comunión con los modernistas.
Este sitio se consagrará entonces enteramente a la oración por todos los sacerdotes, religiosos y comunidades que profesan íntegramente la fe y rechazan la comunión con los modernistas. Se trata de un sitio de oración por los grupos y comunidades “non una cum”.
Acabamos de hablar de oración, y para eso intentaremos difundir oraciones, ofrecer artículos relativos a la espiritualidad, la piedad, e intenciones de oración por los distintos grupos y comunidades; sin olvidar tampoco el proporcionar algunas informaciones sobre el apostolado de dichos grupos y comunidades. He aquí los alcances de nuestro sitio; será entonces una especie de vínculo espiritual entre los distintos grupos; y, a través de la oración, esperamos atraer las bendiciones de Dios sobre los sacerdotes y comunidades que –seriamente– luchan contra el modernismo sin ningún compromiso.
Para eso pensamos ofrecer a nuestros lectores –y a todas las almas bien dispuestas– la posibilidad de postear mensajes, que deberán respetar exactamente la finalidad espiritual de nuestro sitio. Por lo tanto, las discusiones y polémicas teológicas (u otras) no podrán tener lugar aquí y estarán prohibidas. Tales discusiones, que son útiles cuando son bien llevadas, siempre pueden realizarse en otros sitios ya existentes.
Por último, consagramos esta empresa a la Santísima Virgen María, la Madre del Soberano Sacerdote, la Madre dada por Nuestro Señor a San Juan, Apóstol y sacerdote; a ella, que permaneció al pie de la cruz asistiendo al Sacrificio de su Hijo. Que ella nos conceda un amor y devoción cada vez más grandes por la pureza y la santidad de la Oblación pura del Cordero inmaculado.