Sitio de oración por las comunidades “non una cum”
“El principio de la sabiduría es el temor del Señor”, dice el Salmo 110. Y a propósito, hallamos en el “Manual de vida perfecta” de Fray Juan de los Ángeles, monje franciscano que vivió durante el siglo de oro español, la transcripción de un texto profundísimo de San Bernardo, respecto al temor que debemos guardar ante el misterio de la gracia divina. He aquí las palabras del gran Abad cisterciense:
“En verdad he deprendido que para retener y recuperar la divina gracia, ninguna cosa hay tan eficaz como hallarte en todo tiempo delante de Dios humilde, que temas y que no sepas altamente; porque se escribe: ‘Bienaventurado el varón que siempre está con miedo’ (Proverbios 28, 14). Teme, pues, cuando perdieres la gracia; teme cuando ella se fuere; teme cuando de nuevo volviere, que esto es estar siempre temeroso. Estos tres temores han de asistir continua y sucesivamente en el alma.
Cuando la gracia está presente, teme, si acaso no obras conforme a ella. ‘Videte (inquit Paulus) ne in vacuum gratiam Dei recipiatis’ (II Corintios 6, 1). [Ved que no hayáis recibido en vano la gracia de Dios]. Y si se retirase y ausentare, ¿por ventura hace de temer entonces más? Sin duda ha de ser así, porque allí adonde te falta la gracia, desfalleces y faltas tú. Teme, pues, quitada la gracia, como hombre que luego has de caer; teme y tiembla delante de Dios airado contra ti, como lo sientes. Teme, porque te dejó tu custodia, y no dudes de que la soberbia sea la causa de esto, aunque no se descubra, aunque no halles en ti ocasión alguna; porque lo que tú no sabes, sabe Dios, y el que te juzga, Dios es. ¿Por ventura quitará la gracia ya concedida al humilde el que se la promete y concede a los humildes? Luego argumento es de soberbia la privación de la gracia. Aunque algunas veces se quita la gracia de la consolación o se retrae, no por la soberbia que ya es, sino por la que ha de ser, si no se quita; como se le quitó a San Pablo, dándole el estímulo de la carne para que no se ensoberbeciese”. Y concluye el santo diciendo: “Bienaventurado serás si llenares tu corazón de este tres doblado temor; que temas mucho por la gracia recibida, mucho más por la perdida y mucho por la recobrada”.
(Extraído del “Manual de vida perfecta”, de Fray Juan de los Ángeles; en “Místicos Franciscanos Españoles”, B.A.C., 1949, págs. 536-537).