Sitio de oración por las comunidades “non una cum”
En la madrugada del domingo 18 de noviembre ha fallecido el sacerdote Luigi Villa, fundador de los “Operarios de María Inmaculada” y director de la publicación mensual “Chiesa viva”. Don Villa nació en Lecco el 3 de febrero de 1918 y fue ordenado sacerdote el 28 de julio de 1942, en el Instituto misionero fundado por el Padre Comboni. En 1956 abandonó el Instituto religioso misionero y fue incardinado sucesivamente en las diócesis de Ferrara, Chieti y finalmente de Brescia, donde se estableció definitivamente. Doctor en Teología, fundador, ya en 1967, de la Editorial “Civiltà”, fue muy estimado en Roma durante el pontificado de Pío XII: en el primer Congreso Internacional de Estudios del Movimiento “Chiesa viva”, celebrado en Roma del 1° al 4 de octubre de 1974, Don Villa pudo contar, entre otros, no sólo con la participación de los Cardenales Ottaviani, Parente, Palazzini y Oddi, sino también de teólogos como el Padre Roschini, el Padre Fabro, el Padre Joseph de Sainte Marie (Salleron), el Abbé Luc Lefèvre (de la “Pensée Catholique”) y muchos otros, también extranjeros; sorprendentemente, recibió cartas de aliento incluso del Cardenal Vicario Poletti, y del Cardenal Seper. De hecho, aun situándose en la huella del Magisterio de Pío XII y criticando el posconcilio, Don Villa, desde las páginas de su revista “Chiesa Viva”, cuyo primer número se remonta a septiembre de 1971, permaneció por mucho tiempo entre quienes aceptaban tanto el Concilio Vaticano II como la reforma litúrgica y el nuevo misal, que él, entre otras cosas, continuó utilizando habitualmente; aun cuando su revista, perdiendo así apoyos y aprobaciones, comenzó a criticar cada vez más al propio Concilio y la reforma litúrgica. Cosa que hizo incluso denunciando la infiltración masónica en la Iglesia, como ya había hecho Don Putti con su revista quincenal anti-modernista “Sí Sí, no no” (publicación nacida en 1975, en Grottaferrata), pero pecando a menudo de una total falta de sentido crítico y de verificar las fuentes, echando así a veces el descrédito sobre lo que podría haber sido una batalla anti-masónica mucho más eficaz. Otra incoherencia que creemos ha minado la obra de Don Villa fue, como ya señalamos, la de atacar, con razón, al Vaticano II y sus reformas, pero permanecer al mismo tiempo en comunión con los autores de estas reformas, a los cuales él mismo denunció abiertamente en los últimos años, mientras permanecía –repitámoslo– inexplicablemente ligado al nuevo rito que sin embargo condenaba en sus escritos o en los de sus colaboradores.
No sabemos qué sucederá con las obras por él fundadas durante su largo apostolado terrenal, obras que en los últimos años le atrajeron la atención y el favor de muchos “sedevacantistas” extranjeros, ignorantes de las auténticas posiciones de Don Villa. Mirando hacia el pasado, a pesar de las inevitables críticas, no se puede ignorar una obra tan larga y valiente por parte de un sacerdote que, con la intención de defender la Fe, supo renunciar a los honores del mundo y a una fecunda y tranquila carrera eclesiástica. Por lo tanto, la revista “Sodalitium”, nacida recién en 1983, dirige un saludo respetuoso a uno de los pioneros de la defensa de la Tradición Católica en Italia, y recomienda a la piedad de todos sus lectores una oración en sufragio por el alma sacerdotal de Don Luigi Villa.