Sitio de oración por las comunidades “non una cum”
Era una antigua costumbre entre los romanos y lo fue también en la Edad Media, ofrecer coronas de flores a personas distinguidas como reconocimiento. También nosotros, instruidos por la Iglesia, ofrecemos a la Soberana Reina de Cielos y tierra, la Santísima Virgen, esas tres coronas de rosas que forman el Rosario.
El Rosario tiene tanta fuerza delante de Dios, que principalmente a su rezo se debió la victoria de las tropas cristianas contra el Islam en Lepanto, el 7 de octubre de 1571, luego de que el Papa San Pío V pidiera que se rezara con esta intención. Esta fiesta de Nuestra Señora del Rosario fue instituida recordando este hecho y pronto se extendió a toda la Iglesia.
El Rosario es una devoción muy eficaz
Dos son las cualidades que hacen más eficaces una oración:
- La perseverancia;
- La unión entre varios que se unen para rezar.
Las dos cualidades que brillan fuertemente en el Rosario.
La perseverancia: en el Rosario rogamos ardiente reiterada, insistentemente, ejerciendo una suave violencia sobre los Corazones de Jesús y María.
Cuando se reza en común se cumple aquello de Nuestro Señor en el Evangelio de San Mateo “Si dos de vosotros se unen entre sí sobre la tierra para pedir algo, sea lo que fuera, les será otorgado por mi Padre que está en los Cielos. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre allí estoy en medio de ellos”.
Esta oración es eficacísima porque predispone en nuestro favor el Corazón de Nuestra Señora. Dice el Papa León XIII, que ha sido, podemos decir así, “el Papa del Rosario” lo siguiente:
“Si con estas palabras rendimos a Dios, según nuestro deseo, la debida gloria; si nos proponemos no buscar otra cosa que el cumplimiento de su santísima voluntad; si exaltamos su bondad y su munificencia, invocando al Padre, y pidiéndole nos conceda, aun sin merecerlos, sus más preciados bienes, ¡cuánto se alegrará María y cuánto enaltecerá al Señor! No puede haber expresiones más dignas para dirigimos a la Divina Majestad que las de la Oración del Señor. Todo lo que en el Padrenuestro pedimos es lo más ordenado y lo más conforme a la fe, a la esperanza y a la caridad cristiana, ya que y ya por eso, aunque no sea más que por eso, obtiene el especial agrado de la Virgen Santísima. Esta además, al oímos rezar, reconoce en nuestro acento el timbre de voz de Su Hijo, que nos enseñó de viva voz esta oración, y nos la impuso diciendo: así habéis de orar. Cuando nuestra Madre nos vea cumpliendo fielmente la orden recibida, ¡con cuánto amor y solicitud nos atenderá! Las místicas coronas que le ofrendamos le serán sumamente agradables y se trocarán para nosotros en garantía de gracia y de salvación”.
La misma Santísima Virgen inspiró a Santo Domingo el pensamiento de instituir esta devoción para usarla contra los herejes albigenses. La Iglesia atribuye al Rosario buena parte de sus triunfos y ha recomendado muchas veces esta oración. De él dice el Papa Sixto IV: “La oración más oportuna para honrar a Dios y a la Virgen y librar al mundo de los peligros que lo amenazan”.