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4 enero 2012 3 04 /01 /enero /2012 10:17

z2149Antes que para el hombre, la Eucaristía es para Dios. Expliquémonos.

Lo único absoluto, lo único necesario, es Dios; fuera de Dios, lo único que vale es su gloria, lo único que prevalece son sus derechos, lo único que se impone por encima de todas las rebeliones humanas es su voluntad. Ahora bien, hay algo que compendia toda la gloria que Dios puede recibir de las criaturas y que, al mismo tiempo, satisface todos sus derechos y realiza toda su voluntad: es el gran deber de la adoración. El mismo amor, ¿qué es en sus cumbres, en su última expresión, en el mismo arrobamiento y en el éxtasis, sino adoración? Desde el salvaje que dobla la rodilla ante una divinidad que presiente, hasta el alma más santa que se extasía y derrama en la presencia de su Dios vivo y verdadero, toda religión se comprendía y se consuma en la adoración.

Por eso toda la misión de Cristo sobre la tierra fue suscitar verdaderos adoradores de su Padre, que lo adoren en Espíritu y en Verdad (Juan 4, 23). En Espíritu y en Verdad, es decir, unidos a Cristo que es la Verdad; movidos por su Espíritu que es el Amor sustancial, el Espíritu divino.

Y para suscitar adoradores, empezó por ser el gran adorador de su Padre. Tal era el sentido supremo que daba a todos los misterios de su vida: adoración eran sus pobrezas y sus trabajos, sus lágrimas y su sangre y su muerte misma.

Jesús llenó de adoración sus profundos silencios de la cuna, sus oscuros trabajos de Nazareth, sus largas noches de oración en las montañas. En el Calvario, para traducirla mejor, la expresó con la voz de las lágrimas y de la sangre, y con el grito supremo de la muerte…” (Baudenom, La Messe, p. 60).

En el cielo, Jesús continúa adorando; y sobre la tierra, de adoración ha llenado los siglos de su vida eucarística. Y si su sacrificio es perpetuo y su inmolación constante, es precisamente porque la forma suprema de la adoración es el sacrificio.

En ese pobre altar, en medio de las vulgaridades que rodean de ordinario la celebración de la Santa Misa: adornos sin arte, cánticos sin alma, asistentes distraídos, ahí se realizan esos profundos misterios. Jesús, deponiendo el aparato de su gloria, baja del cielo, se esconde en la hostia… y haciendo suyas las mudas adoraciones de la naturaleza y las silenciosas del firmamento, las adoraciones dolorosas de los hombres y las extáticas de los ángeles, las adoraciones en fin de todo el universo, las eleva al cielo, y con el clamor de su sacrificio las ofrece en supremo homenaje de adoración…

Ante esos misterios que deslumbran, que anonadan, no queda sino doblar la rodilla, inclinar la frente, y en silencio adorar… Tantum ergo Sacramentum, veneremur cernui!

 

(Padre José Guadalupe Treviño, La Eucaristía, México, 1942, pp. 92-97).

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25 septiembre 2011 7 25 /09 /septiembre /2011 07:56

MoHoTrSe ¿Dónde está ubicado el Most Holy Trinity Seminary (Seminario de la Santísima Trinidad)?

En septiembre del año 2005, el Seminario se trasladó temporalmente a la ciudad de Brooksville en el estado de  Florida (a unos 30 minutos al norte de la ciudad de Tampa) en Estados Unidos; mientras estaba pendiente la finalización del nuevo y permanente edificio del Seminario, que se encontraba en construcción en las afueras de Brooksville.

 

¿Quiénes son los profesores del Seminario?

S.E.R. Monseñor Donald Sanborn y los RR.PP. Anthony Cekada, Joseph Selway, Nicolás Despósito y Germán Fliess.

 

¿Qué cursos tomaría?

- Humanidades: Latín, Historia, Literatura, Música y Apreciación Artística, y Composición de Lengua Inglesa.

- Filosofía: Lógica, Cosmología, Psicología, Ética, Metafísica, Criteriología, y Teodicea.

- Teología: Teología Dogmática, Teología Moral, Derecho Canónico, Sagrada Liturgia, Sagradas Escrituras, Teología Pastoral, Historia de la Iglesia y Homilética.

 

¿Cuánto tiempo dura la formación para el sacerdocio?

Aproximadamente siete años luego de la escuela secundaria, dependiendo de tu conocimiento del latín. Antes del Concilio Vaticano II, un egresado del secundario estudiaba durante ocho años en el Seminario antes de su ordenación: dos años de Humanidades, dos años de Filosofía, y cuatro años de Teología. Por la necesidad de sacerdotes, en nuestro Seminario hemos condensado la carrera en siete años, pero no hemos dejado nada fuera del programa.

 

¿Cómo es la vida en el Seminario?

El Seminario es una hermosa vida de paz, oración y estudio. Pregúntale a un viejo sacerdote, y él te dirá que los días más felices de su vida fueron los del Seminario. El Seminario quiere hacerse de hombres jóvenes a fin de volverlos jóvenes sacerdotes. Para eso es necesario darle al joven la formación moral, espiritual, litúrgica e intelectual que le durará para toda su vida. Por esta razón, el seminarista tiene una agenda de oración, tanto litúrgica como privada, una agenda de estudios, y una agenda de otros deberes que lo preparan para alcanzar ese fin.

 

MoHoTrSeII ¿Quién me ordenará sacerdote?

Un Obispo católico tradicional válidamente ordenado. Monseñor Daniel L. Dolan y Monseñor Donald J. Sanborn han ordenado seminaristas para el Most Holy Trinity Seminary.

 

¿Qué requisitos debo cumplir?

- Diploma de egreso del colegio secundario, para el programa del Seminario Mayor.

- Diploma del colegio secundario, para el programa del Seminario Menor.

- Edad no mayor a treinta años (pueden hacerse excepciones en los casos de candidatos que ya hayan recibido formación en algún otro seminario tradicional).

- Buena reputación.

- Libre de problemas emocionales y psicológicos.

- Buena salud (se requerirá un certificado médico).

- Libre de deudas (sin embargo el pago de préstamos puede ser diferido, si el acreedor lo acepta; éste es comúnmente el caso de préstamos estudiantiles).

- Libre de impedimentos canónicos.

 

MoHoTrSeIII ¿Cómo puedo saber si tengo vocación sacerdotal?

La vocación al sacerdocio es simplemente la voluntad de Dios de que seas sacerdote. El problema está en conocer la voluntad de Dios para tu vida. Las vocaciones usualmente no surgen por visiones o voces interiores, sino más bien mediante signos -signos en tu carácter, piedad, e inspiraciones del Espíritu Santo inclinándote hacia el sacerdocio. Estos son los signos ordinarios de una vocación sacerdotal:

- Una genuina y constante inclinación del espíritu para servir a Dios como sacerdote. Te sientes atraído por la vida del sacerdote, y por los asuntos eclesiásticos. Puedes estar interesado en la liturgia, el dogma, el trabajo misionero. Hay algo en el sacerdocio que te entusiasma.

- Un deseo genuino de promover la gloria de Dios y de Su Iglesia, y la salvación de las almas. Este es el verdadero trabajo del sacerdote, y en ciertos momentos demanda grandes sacrificios. Este es el único motivo verdadero por el cual ser sacerdote. Sería incorrecto volverse sacerdote por un motivo equivocado, por ejemplo, porque la gente tendría gran respeto por ti.

- Una buena vida moral. Uno de los signos de falta de vocación es la incapacidad para permanecer fuera del estado de pecado mortal durante largo tiempo. Pero este requisito no implica que debas ser un santo si quieres ser sacerdote; significa simplemente que debes ser serio respecto a tu vida espiritual, frecuentar los sacramentos, evitar las ocasiones de pecado y llevar una vida recta.

- Piedad. La vida del sacerdote es una vida de oración, y parte de la vocación al sacerdocio es la inclinación a la oración -oración litúrgica y oración privada.

- Estabilidad emocional. El sacerdote debe ser un padre para todos, y debe cargar con los problemas de todos, y no puede estar él mismo cargado de problemas emocionales y psicológicos.

- Al menos una inteligencia promedio. El sacerdote debe transmitir fielmente la doctrina católica a los fieles, y diagnosticar apropiadamente sus pecados en el confesionario. Por esto, debe tener por lo menos un nivel intelectual promedio, para pasar los cursos del Seminario.

- Buena salud física. El sacerdote debe estar en buena condición física para poder realizar su trabajo. Aquellos que sufren enfermedades crónicas o que están incapacitados no pueden ingresar al sacerdocio.

 

¿Qué debo hacer si estoy en duda respecto a mi vocación?

Deberías hablar con algún buen sacerdote que conozcas, y preguntarle qué opina. Pídele que sea tu confesor regular, y entéralo con toda sinceridad de tus debilidades y tentaciones, así como de tus cualidades y dones, y confía en sus consejos. Más importante aun: ruega fervorosa y perseverantemente a Dios para que te ilumine en este asunto.

 

Si tienes cualquier consulta, puedes escribir a estas direcciones:

 

- En español: epikeya@gmail.com

- In English: piuspapax@gmail.com

 

http://www.traditionalmass.org/ 

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23 julio 2011 6 23 /07 /julio /2011 10:33

La conducta racional debe constantemente corregir incomprensiones, aclarar oscuridades, rectificar afecciones. Pero todo eso es el ejercicio de la razón, facultad superior en relación a la vida de la sensibilidad. Ahora bien, la sensibilidad, que debería estar sometida a la razón, dista mucho de estarlo. Y ejercer una facultad superior para poner en orden lo que debería estarle sometido y que no lo está siempre, es algo que se hará necesariamente con dureza, rigor y amargura, si aquel que ejerce esta conducta racional no está totalmente despojado de sí mismo.

He aquí porqué Nuestro Señor es tan severo en el Evangelio contra los que juzgan a los demás, o los tratan de tontos o locos. Esta severidad de Jesucristo envía directamente al infierno a los que tratan a los demás de locos (Mat. 5, 22). Evidentemente, no es por el hecho de decir humorísticamente a alguien: “estás loco”, que uno se irá al infierno. Pero si se tiene respecto del prójimo una actitud constante de dureza o de señalador de errores por creer ver más claro, tener una mejor opinión o una intención más recta, entonces se llega a poseer una actitud constante de orgullo, actitud contraria a la de un hijo de Dios.

La actitud cristiana es la misericordia. Conviene tratar a los hombres humildemente intentando aportar un poco más de luz y rectificar lentamente. Si algunos moralistas han dicho con exactitud que no hay nada más difícil que tener razón, eso no quiere decir solamente que es difícil llegar a la verdad, sino que significa que cuando se está en la verdad, no hay nada más difícil que conducirse bien según esta verdad para hacerla comprender, adoptar y amar.

 

Jesucristo es la bondadosa misericordia

 

Señalemos también que la regla dada al jefe de familia de estar en conformidad con Jesucristo, nos hace comprender la que fue y es la actitud de Nuestro Señor. Y, al comprender la actitud de Jesucristo, comprenderemos mejor la que deben tener los esposos cristianos el uno para con el otro.

Y bien, Jesucristo está constantemente sin amargura. Su amor por nosotros es tal que, sea lo que sea que hayamos hecho contra la ley divina, contra su amor, él sólo nos mira con misericordia. Sólo tiene la voluntad de perdonar. Sólo tenemos que creer en este amor invencible de Jesucristo –y creerlo de manera activa por la contrición para volver al orden.

Jesucristo es verdaderamente el Esposo que no tiene ninguna amargura. Esta es una de las verdades más importantes en la vida espiritual. Si se conociese el amor misericordioso de Dios, se entraría en su pensamiento: se sabría lo poco que uno es, se conocería la miseria e indigencia del hombre; pero se conocería mucho más aún la infinitud del Dios que nos ama, del Dios que nos purifica y nos eleva a él, del Dios que nos salva.

Se es cristiano en la medida en que se entra, por la fe, la esperanza y la caridad, en el misterio de la Misericordia divina. Cuanto más se entra en este misterio, más viene a nosotros el reino de Dios.

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24 junio 2011 5 24 /06 /junio /2011 14:11

Eucharist.1.pol-w.jpg Hace ya un cierto tiempo que el autor de este sitio proyectaba su creación. En efecto, queremos llenar un cierto vacío existente en nuestros medios, y fue el día de la Ascensión del Señor que decidimos abrirlo. La fecha fue providencial; esta fiesta nos hace pensar en el Cielo, y justamente, queremos que este sitio se ocupe solo de las cosas del Cielo, solo de temas referidos a Dios.

 

¿Por qué el nombre de Oblatio munda? Estas palabras latinas significan Oblación pura. Dicho término, utilizado tradicionalmente para designar la Santa Misa, está tomado de la Sagrada Escritura: “Desde la salida del sol hasta su ocaso es grande mi nombre entre las naciones, y en todo lugar ha de ofrecerse a mi nombre un sacrificio de incienso y una oblación pura, pues grande es mi nombre entre las naciones, dice el Señor de los ejércitos” (Malaquías I, 11).

 

La Santa Misa, realización de la profecía de Malaquías, es pues la oblación pura; y lo es porque se trata de la renovación del Sacrificio que el Hijo de Dios ofreció sobre la Cruz a su Padre Eterno, porque en ese Sacrificio fue derramada la sangre del Cordero inmaculado, sin mancha. El Cordero sin mancha, el Cordero pascual que los judíos debían comer en el Antiguo Testamento, era realmente una figura del verdadero Cordero, del Cordero de Dios, según palabras de San Juan Bautista (Jn. I, 29) que la Iglesia conservó en su liturgia momentos antes de que el sacerdote administre la comunión a los fieles.

 

Todo lo que se refiere al Sacrificio del Cordero debe ser puro y sin mancha; en primer lugar, la fe de los fieles debe ser íntegra, pura y libre de todo error. Debemos también presentarnos ante el altar con la pureza de alma, en estado de gracia. Pero he aquí que la pureza del Sacrificio ha sufrido numerosos ataques durante la revolución causada por el espíritu iconoclasta, por la herejía anti-litúrgica, por la herejía jansenista, galicana, protestante, por el espíritu salido del Concilio Vaticano II.

 

Muchos católicos son escandalizados por las extrañas liturgias celebradas un poco en todas partes. En efecto, cuando entran en las iglesias para asistir a misa, muchos católicos de buena voluntad se encuentran frente a lo que algunos “hombres de Iglesia” han hecho del Sacrificio de Cristo: comunión en la mano y de pie administrada por laicos, liturgia “a la carta” librada a la improvisación de cada sacerdote, o liturgia celebrada directamente por laicos, y, en ciertas regiones, liturgias “inculturadas” (que incorporan los usos de algunos pueblos indígenas, por ejemplo…).

 

Algunos dirán que se trata de abusos que la autoridad de la Iglesia no aprueba, y sin embargo estos abusos se extendieron por todas partes inmediatamente después del Concilio, y por otro lado se ha podido ver a Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI realizar ceremonias litúrgicas con quienes no son católicos y dar la comunión a los herejes. En efecto, se los ha visto a ellos mismos realizar sacrilegios. Esto es solamente una constatación que se podría corroborar con numerosos testimonios fotográficos. Cuando el abuso es realizado por la autoridad, no es el abuso el que debe ser puesto en cuestión sino la autoridad misma.

 

Este estado de las cosas es pues el resultado de la reforma litúrgica promulgada por Pablo VI, en la cual trabajaron seis pastores protestantes. Esta reforma “representa, en conjunto y en detalle, un alejamiento impresionante de la teología católica de la Santa Misa, tal como fue formulada por la Sesión XXII del Concilio de Trento” (“Breve examen crítico del Novus Ordo Missæ”, redactado por el R.P. Guérard des Lauriers O.P. y firmado por los cardenales Ottaviani y Bacci). Esta reforma litúrgica es la aplicación del Vaticano II y de sus nuevas doctrinas de la libertad religiosa, de la colegialidad, pero sobre todo del ecumenismo; lo cual no es sorprendente, ya que “Lex orandi, lex credendi” (“la ley del orar es la ley del creer”). Una vez que se cambió la ley del creer, de la fe, se cambió la ley del orar, la liturgia.

 

Este espíritu protestante –tan alejado de la santidad y ortodoxia de la liturgia católica, tan alejado de la santidad del Sacrificio del Cordero– es difundido por la reforma litúrgica resultante de las falsas doctrinas enseñadas por el Vaticano II. Un tal espíritu, arraigado en el pensamiento de Lutero y su odio del carácter sacrificial de la Misa católica, no podría nunca venir de la autoridad de la Iglesia; ya que la Iglesia es santa, como santa es la doctrina que ella difunde y las leyes que ella establece, como santa es la liturgia que ella promulga. Ella “no puede dar veneno a sus hijos” (Concilio Vaticano I).

 

Por todo esto, quienes administran este sitio se oponen a la “nueva misa” y al Concilio Vaticano II, que rechazan como no siendo obra de la Iglesia. Así pues, quienes administran Oblatio munda rechazan a los autores de la reforma como no siendo la Iglesia. He aquí la razón por la cual constatamos la vacancia de la Sede Apostólica. No podemos, ni aprobar lo que hacen los modernistas, ni reconocerlos como la autoridad de la Iglesia.

 

En consecuencia, nada de este espíritu destructor, contrario a la santidad y a la ortodoxia, puede manchar la fe o la liturgia de la Iglesia. Y he aquí que volvemos al origen del nombre de nuestro sitio: Oblatio munda, oblación pura, sin mancha, inmaculada, virgen de este espíritu destructor, virgen de la mención de quienes lo difunden. Este sitio está entonces por la Misa “non una cum”, sin comunión con el actual ocupante de la Sede Apostólica y su modernismo.

 

Los autores de este sitio sostienen la vacancia de la Sede de Pedro, la cual ha sido expuesta de diferentes maneras. Cada uno de los sacerdotes y laicos que hacen este sitio tienen una posición definida al respecto. Sin embargo, aquí no se trata de hablar o discutir sobre las diferentes posiciones teológicas. Queremos profesar íntegramente la fe católica, y en consecuencia nos oponemos a la comunión con los modernistas.

 

Este sitio se consagrará entonces enteramente a la oración por todos los sacerdotes, religiosos y comunidades que profesan íntegramente la fe y rechazan la comunión con los modernistas. Se trata de un sitio de oración por los grupos y comunidades “non una cum”.

 

Acabamos de hablar de oración, y para eso intentaremos difundir oraciones, ofrecer artículos relativos a la espiritualidad, la piedad, e intenciones de oración por los distintos grupos y comunidades; sin olvidar tampoco el proporcionar algunas informaciones sobre el apostolado de dichos grupos y comunidades. He aquí los alcances de nuestro sitio; será entonces una especie de vínculo espiritual entre los distintos grupos; y, a través de la oración, esperamos atraer las bendiciones de Dios sobre los sacerdotes y comunidades que –seriamente– luchan contra el modernismo sin ningún compromiso.

 

Para eso pensamos ofrecer a nuestros lectores –y a todas las almas bien dispuestas– la posibilidad de postear mensajes, que deberán respetar exactamente la finalidad espiritual de nuestro sitio. Por lo tanto, las discusiones y polémicas teológicas (u otras) no podrán tener lugar aquí y estarán prohibidas. Tales discusiones, que son útiles cuando son bien llevadas, siempre pueden realizarse en otros sitios ya existentes.

 

Por último, consagramos esta empresa a la Santísima Virgen María, la Madre del Soberano Sacerdote, la Madre dada por Nuestro Señor a San Juan, Apóstol y sacerdote; a ella, que permaneció al pie de la cruz asistiendo al Sacrificio de su Hijo. Que ella nos conceda un amor y devoción cada vez más grandes por la pureza y la santidad de la Oblación pura del Cordero inmaculado.

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  • : Sitio de oración por las comunidades “non una cum”
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Oblatio Munda

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«Es necesario que perdure sobre la tierra

la Oblación pura, la Oblatio munda.

Algunos me atribuyen la intención de querer

“salvar a la Iglesia”. Por el contrario, rechazo asociarme

con quienes manifiestan este propósito “in directo”.

Ya que, solo Dios, solo Jesús salvará a Su Iglesia

con el Triunfo de Su Madre. De eso estoy seguro,

aunque ignoro el “cómo”.

En cambio, estimo un deber todo sacrificio, hacer

todo lo que esté en mi poder para que perdure sobre

la tierra la Oblatio munda».

Mons. Guérard des Lauriers

(Sodalitium n° 13, marzo 1988)

  Spiritual Father of Sedevacantsm

«Yo no me ordené para cometer sacrilegios».

Padre Joaquín Sáenz y Arriaga, S.J.

 

p.barbara

«El deber de defender la Misa es

un honor y una gracia».

Padre Noël Barbara 

 

vinson«¡Tenemos un faro de verdad, y es Roma!

Seamos apasionados de Roma.

Tengamos por cierto que aquel que no

tiene afección por Roma ya cayó en el error;
y que no se puede caer en un error
(fundamental, grave) sin que falte
afección por Roma. Pidamos este amor
por la Verdad y por la Iglesia».
Padre Georges Vinson

  

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