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11 junio 2012 1 11 /06 /junio /2012 20:13

cruz_1.JPGEn la capilla San Pío V de Rennes, Francia, el domingo de Pentecostés, luego de la misa cantada, 19 pajes y 9 cruzados, con fervor y alegría, ingresaron o renovaron sus compromisos en la Cruzada Eucarística. El capellán, Padre Romero, entregó a cada uno una hermosa insignia. Emocionante y digna ceremonia que impresionó a los fieles de la capilla. Recemos para que estos nuevos pequeños apóstoles del Sagrado Corazón sean fieles a su lema: “Reza, comulga, sacrifícate, sé apóstol”. Por su parte, pajes y cruzados se comprometieron a rezar especialmente por las intenciones que los fieles les confiaron.

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11 junio 2012 1 11 /06 /junio /2012 14:58

fete dieuLa pequeña hostia blanca será una semilla: arrojada a los cuatro vientos producirá toda una floración divina.

Y desfila ante los ojos de Cristo el innumerable ejército de los mártires. En ellos la semilla divina germina heroísmos de sangre. Embriagados con la Sangre de Cristo han exclamado: ¡Sangre por sangre! ¡También nuestro corazón es un cáliz desbordante –Hic est calix sanguinis mei– que nuestra sangre se derrame para testificar que eres nuestro Dios, para proclamar que eres nuestro Rey!

Y luego la casta teoría de las almas puras, hermosas en el esplendor de su claridad. En ellas la semilla divina germina pureza y su corazón virgen conserva para Cristo, en medio de un mundo que se corrompe y se degrada, la frescura del amor primero.

Y la falange intrépida de los misioneros dejándolo todo –patria, amigos, familia– para sembrar hostias consagradas en nuevos corazones; atravesando los mares para levantar nuevos sagrarios, siquiera sea al abrigo de pobre techo pajizo.

De la hostia santa ve Cristo nacer la caridad en todas sus formas, con todos sus prodigios, hasta la meta del supremo heroísmo: el sacrificio de la propia vida. La ve conservándole al niño su candor y al joven su pureza, llenando de abnegación el corazón de la madre cristiana, rehabilitando al caído y dando serenidad divina a la ancianidad, consolando tantos dolores, pacificando tantas agonías y derramando luz de divina esperanza sobre tantas separaciones y sobre tantos sepulcros…

Y vio la gloria secreta de esas noches de adoración con los sacrificios que supone y las intimidades que provoca, y la gloria manifiesta de sus triunfos eucarísticos: la hostia santa, en magníficos relicarios, paseada en triunfo a través de los centros más populosos, doblándose tantas rodillas e inclinándose tantas frentes y derramando lágrimas tantos ojos…

Y ya no vaciló… lumbre divina irradió en sus ojos, ternura incomparable iluminó su rostro, temblaron de emoción sus labios, y entreabriéndose por fin, dejaron caer estas palabras que realizaron el prodigio: “Tomad y comed: ÉSTE ES MI CUERPO…”

 

Alma eucarística que esto lees, en verdad, en verdad te digo: Jesús pensó en ti en aquella hora, Jesús tuvo presente ante su mirada tu alma querida, Jesús comprendió que sin esa hostia santa que adoras, sin esa pequeña hostia blanca que recibes cada mañana, te sentirías muy sola en tu destierro… sabía que tu corazón sufriría hambre de amor, que padecería nostalgias de cielo… que en el camino de la vida tendrías tantos sinsabores y bajo apariencias que engañan llevarías ocultas tantas amarguras… Y por ti, para no dejarte huérfana, para que tuvieras un corazón amigo que te comprendiera, para que en él vaciaras la amargura rebosante del tuyo, Jesús pasó por todos los sacrilegios y profanaciones e ingratitudes, y en aquella noche por ti – ¡óyelo bien! –, por ti instituyó la Eucaristía y por ti se quedó en esa pequeña hostia blanca que en tu corazón albergas cada mañana… ¿Comprendes ahora, alma querida, cuánto te ama el Cristo del Cenáculo y de la Eucaristía?

 

(Extraído de “La Eucaristía, del P. José Guadalupe Treviño, Misionero del Espíritu Santo, México, 1942, págs. 169-172).

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8 junio 2012 5 08 /06 /junio /2012 10:34

orac.jpgPedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque quien pide recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre” (Mateo 7, 7-8). Estas palabras del Evangelio debieran ser más recordadas por los fieles católicos: nos confirman en la certeza de que cuanto pidiéremos con la debida Fe, Dios nos lo dará. “Todo cuanto pidiereis en la oración lo recibiréis”, dice Nuestro Señor (Mateo 21, 22).

Ahora bien: ¿cuáles son los alcances de estas promesas? Porque, evidentemente, no puede Nuestro Señor prometernos algo que no cumplirá; como tampoco puede obligarse a cumplir, si lo que pedimos no fuera bueno para nuestras almas. Él desea nuestra santificación, y nosotros debemos desear Su glorificación. Entonces, ¿cuál es el rol de la oración impetratoria, es decir, de “petición”?

 

El teólogo Antonio Royo-Marín O.P., dominico español, afirma en su “Teología de la perfección cristiana” una conclusión certísima: “la oración, revestida de las debidas condiciones, obtiene infaliblemente lo que pide en virtud de las promesas de Dios”; y luego pasa a probar esta tesis, fundándola en la sana doctrina de Santo Tomás, según el cual hay cuatro condiciones necesarias para que nuestra oración impetratoria sea infalible, es decir, consiga de manera firme y cierta los dones que pedimos a Dios para el bien de nuestras almas. Estas condiciones son:

 

1) Pro se petat: Esto es, que en la oración se pida por uno mismo. Y la razón es porque la concesión de una gracia divina requiere de un sujeto dispuesto a recibirla; y de esto no podemos tener certeza respecto a nuestros prójimos, quienes podrían estar en mala disposición ante el influjo de la gracia de Dios; mientras que, orando por nosotros mismos, nos disponemos ya por ese mismo hecho a ser oídos por Dios. Esto no quiere decir, por supuesto, que no deba rezarse por el prójimo: al contrario, es obra de gran virtud y mérito, mediante la cual podemos incluso pedir a Dios que remueva los obstáculos que estén privando a un alma de recibir las gracias del Cielo. Pero por la razón antes dicha, no podemos tener certeza de que esa alma dejará de resistir a Dios, disponiéndose humildemente a hacer Su voluntad.

2) Necessaria ad salutem: Esto es, que la oración refiera a algo útil o necesario para la salvación de nuestra alma. Así, podemos pedir las gracias eficaces para crecer en las virtudes teologales y morales, o en los dones del Espíritu Santo; o pedir la importantísima gracia de la perseverancia final, que el Santo Concilio de Trento definió como un “gran y especial don”; gracia que puede ser invocada conforme a la hermosa devoción de la “Asociación de Amor a María Santísima”, que en Oblatio Munda hemos presentado.

3) Pie: Esto es, que la oración debe revelar la piedad del orante, lo cual implica a su vez estas cuatro condiciones: humildad; firme confianza en Dios; pedir en nombre de Cristo; y atención durante la oración, evitando las distracciones voluntarias.

4) Perseveranter: Esto es, se debe perseverar resueltamente en la oración, hasta obtener de Dios ese bien útil o necesario para la salvación de nuestras almas. El mejor ejemplo que ilustra esta condición es la parábola del amigo inoportuno, que pide una y otra vez los tres panes, hasta que el dueño de casa, ya cansado, decide dárselos (Lucas 11, 5-13). Dios no nos rehusará nunca aquello que pidamos para alcanzar nuestra santificación y Su glorificación.

 

Considerando estas cuatro condiciones, y la necesidad imperante de la oración, que nunca será suficientemente recordada ante el pueblo católico, imitemos el ejemplo de Nuestro Señor, quien “oraba a Dios durante toda la noche” (Lucas 6, 12); y cuando en la noche oscura del Getsemaní, “lleno de angustia, oraba con más instancia” (Lucas 22, 44). Podemos tener la certeza, conforme a las promesas de Nuestro Señor, que seremos escuchados.

 

(Basado en el libro “Teología de la perfección cristiana”, de Antonio Royo-Marín O.P., Madrid, 1955).

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7 mayo 2012 1 07 /05 /mayo /2012 00:00

Nos complace presentarles una lista o directorio de los centros en los que se ofrece la Oblatio Munda a través del mundo, el mismo se encuentra en varias lenguas.  

 

Para descargar el documento, haga click AQUÍ.

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21 abril 2012 6 21 /04 /abril /2012 10:00

Resurreccion-I-copia-1.JPGFue necesario que Cristo resucitase por cinco motivos.

 

Primero, para recomendación de la justicia divina, que es la encargada de exaltar a los que se humillan por Dios, según aquellas palabras de Lc. 1,52: Derribó a los poderosos de su trono, y exaltó a los humildes. Así pues, al haberse humillado Cristo hasta la muerte de cruz, por caridad y por obediencia a Dios, era necesario que fuese exaltado por Dios hasta la resurrección gloriosa. Por lo que en el Salmo 138,2 se dice de su persona: Tú conociste, esto es, aprobaste mi sentarme, es decir, mi humillación y mi pasión y mi resurrección, lo que equivale a mi glorificación por la resurrección, como lo expone la Glosa.

 

Segundo, para la instrucción de nuestra fe. Por su resurrección, efectivamente, fue confirmada nuestra fe en la divinidad de Cristo porque, como se dice en 2 Cor. 13,4, aunque fue crucificado por nuestra flaqueza, está sin embargo vivo por el poder de Dios. Y, por este motivo, se escribe en 1 Cor. 15,14: Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, y vana es nuestra fe. Y en el Salmo 29,10 se pregunta: ¿Qué utilidad habrá en mi sangre, esto es, en el derramamiento de mi sangre, mientras desciendo, como por unos escalones de calamidades, a la corrupción? Como si dijera: Ninguna. Pues si no resucita al instante, y mi cuerpo se corrompe, a nadie predicaré, a nadie ganaré, según expone la Glosa.

 

Tercero, para levantar nuestra esperanza. Pues, al ver que Cristo resucita, siendo Él nuestra cabeza, esperamos que también nosotros resucitaremos. De donde, en 1 Cor. 15,12, se dice: Si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo algunos de entre vosotros dicen que no hay resurrección de los muertos?”; y en Job 19,25-27 se escribe: Yo sé, es claro que por la certeza de la fe, que mi Redentor, esto es, Cristo,vive, por resucitar de entre los muertos, y por eso resucitaré yo de la tierra en el último día; esta esperanza está asentada en mi interior.

 

Cuarto, para instrucción de la vida de los fieles, conforme a aquellas palabras de Rom. 6,4: Como Cristo resucitó de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Y debajo (v. 9,11): Cristo, al resucitar de entre los muertos, ya no muere; así, pensad que también vosotros estáis muertos al pecado, pero vivos para Dios.

 

Quinto, para complemento de nuestra salvación. Porque, así como por este motivo soportó los males muriendo para librarnos de ellos, así también fue glorificado resucitando para llevarnos los bienes, según aquel pasaje de Rom. 4,25: Fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación.

 

(Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, q. 53, a. 1, c.).

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7 marzo 2012 3 07 /03 /marzo /2012 11:08

mil_mi_1.jpgEl sitio Oblatio Munda, enteramente consagrado a la oración por los sacerdotes, religiosos y comunidades “non una cum”, quiere ser como un vínculo espiritual entre los grupos para atraer las bendiciones de Nuestro Señor.

 

Todos los corazones deberían ser uno en la Verdad por la Caridad del Corazón de Jesús.

 

Formamos parte de la Iglesia, la cual ha nacido de la herida del Corazón de Jesús. Actualmente, la Iglesia atraviesa una “crisis” sin precedente, siendo huérfana de pastor. Si verdaderamente amamos a la Iglesia, nuestra Madre, debemos sufrir de verla ultrajada y hacer todo lo que esté en nuestro poder por defenderla.

 

Debemos, por una parte, desear ardientemente su triunfo y, por otra parte, formando parte del mismo Cuerpo Místico, profesando la misma fe, combatiendo el mismo combate sin compromiso con el error, comulgando de la misma Víctima, el Cordero Inmaculado, debemos estar unidos en la misma Caridad. No solamente esta Caridad que es el estado de gracia, el amor de Dios, sino la Caridad efectiva para con el prójimo, en nuestros pensamientos, palabras y acciones. Esta Caridad que es buena, dulce, paciente, humilde, prudente.

 

Es por esto que, hace algunas semanas, hemos propuesto a los sacerdotes que ofrecen la Oblatio Munda celebrar graciosamente una misa por el triunfo de la Santa Iglesia, y la unidad en la Caridad de todos los fieles que profesan íntegramente la Fe Católica.

 

Agradecemos a todos los que rezan por estas intenciones, y particularmente a Mons. Stuyver, al Padre Mercier O.S.B., a Mons. Dolan, y a los Padres Ércoli, Tritek y Grossin.

 

Así entonces, esta misa será celebrada por estas dos intenciones una vez por mes, y cada vez por un sacerdote diferente, sin fecha fija.

 

La celebración organizada de esta misa comenzará en el mes de abril próximo y terminará en el mes de enero próximo.

 

Proponemos a los fieles que deseen unirse espiritualmente a esta misa mensual, que reciten cada día tres Ave Marías por dichas intenciones.

 

Puedan nuestras oraciones, nuestras obras de caridad, unidas a la Oblatio Munda de Nuestro Salvador, acelerar el triunfo de la Santa Iglesia y el Reino del Sagrado Corazón de Jesús por el Corazón Inmaculado de María.

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8 febrero 2012 3 08 /02 /febrero /2012 23:10

est_com.jpgEl principio de la sabiduría es el temor del Señor”, dice el Salmo 110. Y a propósito, hallamos en el “Manual de vida perfecta” de Fray Juan de los Ángeles, monje franciscano que vivió durante el siglo de oro español, la transcripción de un texto profundísimo de San Bernardo, respecto al temor que debemos guardar ante el misterio de la gracia divina. He aquí las palabras del gran Abad cisterciense:

En verdad he deprendido que para retener y recuperar la divina gracia, ninguna cosa hay tan eficaz como hallarte en todo tiempo delante de Dios humilde, que temas y que no sepas altamente; porque se escribe: ‘Bienaventurado el varón que siempre está con miedo’ (Proverbios 28, 14). Teme, pues, cuando perdieres la gracia; teme cuando ella se fuere; teme cuando de nuevo volviere, que esto es estar siempre temeroso. Estos tres temores han de asistir continua y sucesivamente en el alma.

Cuando la gracia está presente, teme, si acaso no obras conforme a ella. ‘Videte (inquit Paulus) ne in vacuum gratiam Dei recipiatis’ (II Corintios 6, 1). [Ved que no hayáis recibido en vano la gracia de Dios]. Y si se retirase y ausentare, ¿por ventura hace de temer entonces más? Sin duda ha de ser así, porque allí adonde te falta la gracia, desfalleces y faltas tú. Teme, pues, quitada la gracia, como hombre que luego has de caer; teme y tiembla delante de Dios airado contra ti, como lo sientes. Teme, porque te dejó tu custodia, y no dudes de que la soberbia sea la causa de esto, aunque no se descubra, aunque no halles en ti ocasión alguna; porque lo que tú no sabes, sabe Dios, y el que te juzga, Dios es. ¿Por ventura quitará la gracia ya concedida al humilde el que se la promete y concede a los humildes? Luego argumento es de soberbia la privación de la gracia. Aunque algunas veces se quita la gracia de la consolación o se retrae, no por la soberbia que ya es, sino por la que ha de ser, si no se quita; como se le quitó a San Pablo, dándole el estímulo de la carne para que no se ensoberbeciese”. Y concluye el santo diciendo: “Bienaventurado serás si llenares tu corazón de este tres doblado temor; que temas mucho por la gracia recibida, mucho más por la perdida y mucho por la recobrada”.

 

(Extraído del “Manual de vida perfecta, de Fray Juan de los Ángeles; en “Místicos Franciscanos Españoles, B.A.C., 1949, págs. 536-537).

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20 enero 2012 5 20 /01 /enero /2012 10:15

Un axioma filosófico dice que el fin es lo primero en la intención, pero lo último en la ejecución. Es decir, que toda acción, todo movimiento, se ordena primero a un objeto determinado, el cual es ciertamente lo último en ser obtenido: cuando se alcanza el fin, se acaba el movimiento. Por otra parte, la teología católica enseña que los hombres, mientras vivimos en este mundo, somos viatores, esto es, transeúntes, por lo cual significa la idea de que la vida sobre la tierra es un paso hacia la vida eterna en la Patria celestial. En este arduo, aunque breve camino que es la vida terrena (“cuatro días tenemos de vida, decía San Alfonso María de Ligorio, y de lo que se trata es de saber utilizarlos”), los hombres conquistamos méritos y deméritos, conforme a nuestras buenas y malas obras, y los cuales serán justipreciados en el día de nuestro juicio particular, cuando Nuestro Señor dicte sobre nosotros la sentencia de nuestra suerte eterna.

Los méritos, entonces, son los medios que debemos acopiar, para conquistar el fin de nuestra vida. Y ese fin de la vida cristiana, no es otro que la glorificación de Dios, y la santificación de nuestra alma. Revisemos brevemente ambos puntos.

 

Glorificación de Dios

 

01Éste es el fin último y absoluto de la vida cristiana; todo en nuestras vidas debe ordenarse a la gloria de Dios Uno y Trino; del Dios que es Creador, Redentor, y Santificador en la trinidad de Personas, pero en la unidad de Substancia. Podemos distinguir aquí, por una parte, la gloria intrínseca de Dios, que se manifiesta en la comunicación interior entre las tres Personas Divinas: el Padre engendra al Hijo, Imagen eterna y perfecta del Genitor, el cual se complace en Él, y de la contemplación amorosa entre el uno y el otro, procede una tercera Persona, que es el Espíritu Santo. En este movimiento de amor y contemplación supremos, Dios goza de Sí mismo infinitamente. Así, la gloria de Dios ya era plena e infinita antes de la Creación.

Pero “Dios es Amor” (Juan 4, 16); Dios es el Bien infinito, y el bien es difusivo de sí mismo, bonum diffusivum sui, enseña la filosofía. Entonces Dios, por un acto enteramente libre de Su voluntad, deseó comunicar su bondad a las creaturas, creando el tiempo y el espacio, y poblándolos con todos los seres que ocupan el universo; entre ellos, el hombre, creatura predilecta de Dios. Por el hombre, para su salvación, Dios se hizo Hombre, en la Persona Santísima de Nuestro Señor Jesucristo. Entonces ya podemos ver cuál será la gloria extrínseca de Dios: será aquella que proviene de la perfección de las creaturas; aquella gloria que se alza ante Dios desde lo más recóndito de la creación, en cada ser que actúa conforme al concierto ordenado de causas y efectos maravillosos que Dios ha dispuesto desde la gloriosa semana que el Génesis nos relata en su primer capítulo. Podemos entonces concluir desde aquí, que si las creaturas dan gloria extrínseca a Dios, conforme a sus proporcionados grados de ser y de obrar, entonces la creatura por excelencia, glorificará mayormente a Dios: el hombre.

 

Santificación del alma

 

02¿Cómo glorifica a Dios el hombre? ¿Cuál es el medio más adecuado, si no el único, del cual disponemos para dar gloria al Creador? Ese medio es la propia santificación, que a su vez constituye el fin próximo y relativo de la vida cristiana. Un Obispo argentino supo decir acertadamente que “el hombre no puede perfeccionarse sin glorificar a Dios, y Dios no puede ser glorificado por el hombre sino por la perfección de éste. Ahora bien, ¿qué hombre ha habido sobre la tierra, más grande que Jesucristo, Hijo de Dios? Él, que no fue creado, sino engendrado del Padre, es el modelo de la vida cristiana, porque toda su vida fue una incesante manifestación de la perfección y bondad divinas. Se hizo Hombre para salvarnos obteniendo la remisión universal de nuestros pecados: pero también para presentarse como modelo de virtud y santidad, para que en Él podamos inspirar todos nuestros pensamientos, todas nuestras palabras, todas nuestras obras. Se ha dicho que la santidad consiste en la unión con Dios por el amor; o en la perfecta conformidad con Su divina voluntad. Ambas cosas son verdaderas, y sin embargo todavía es más acertada aquella otra definición clásica de santidad: la santidad consiste en nuestra plena configuración con Cristo. Christianus, alter Christus, el cristiano debe ser otro Cristo sobre la tierra; los cristianos debemos tender constantemente a imitar las virtudes de Cristo, combatiendo nuestras debilidades y flaquezas que nos son naturales, y que sin embargo deben ser vencidas con el auxilio de la gracia sobrenatural, el cual auxilio no es negado a nadie, y al contrario, suficientemente dado a todos. Dios es pródigo en la dádiva de gracias eficaces, que son las inspiraciones interiores y efectivas, que Dios produce en nuestra alma para motivarnos a obrar sobrenaturalmente. “Nadie puede hacer un mayor esfuerzo sobrenatural, si no ha recibido una mayor gracia de Dios, enseña Santo Tomás. De aquí la importancia fundamental de la vida de oración, de la sólida vida espiritual, que es el único modo de disponer nuestras almas a estos constantes “soplos divinos” que el Espíritu Santo no cesa de enviarnos: “Spiritus ubi vult spirat”, el Espíritu sopla donde quiere, dice el Evangelio (Juan 3, 8).

El buen cristiano debe aspirar a la santidad, como medio para glorificar a su Dios; el buen cristiano ha de decir a cada momento en el interior de su alma: “sólo mora en este monte, la honra y gloria de Dios” (San Juan de la Cruz).

 

(Basado en el libro “Teología de la perfección cristiana, del P. Antonio Royo-Marín O.P., Madrid, 1955).

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20 enero 2012 5 20 /01 /enero /2012 10:03

s agDios, separarse de Ti es caer,

convertirse a Ti levantarse;

permanecer en Ti es estar firme;

Dios, alejarse de Ti es morir,

volver a Ti revivir,

habitar en Ti, vivir.

Dios, a quien nadie puede perder sino engañado,

a quien nadie busca, sino amonestado,

a quien nadie encuentra, sino purificado.

Dios, abandonarte es morir,

seguirte es amar,

verte, poseerte.

Dios, a quien nos impulsa la Fe,

levanta la Esperanza,

une la Caridad.

Dios, que por obra tuya no perezcamos totalmente.

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20 enero 2012 5 20 /01 /enero /2012 09:05

001 StemmaMgr2002-2012: décimo aniversario de la

 consagración de Mons. Geert Stuyver

 

El 16 de enero de 2002, Mons. McKenna (O.P.) confería la consagración episcopal a Mons. Geert Stuyver en Verrua Savoia (Italia).
En ocasión de este aniversario, los invitamos a rezar por Mons. Geert Stuyver y todos los obispos que profesan íntegramente la fe católica. Para todos nosotros es un deber de piedad filial.

 

http://www.sodalitium.eu/

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Oblatio Munda

rpguerard.JPG

«Es necesario que perdure sobre la tierra

la Oblación pura, la Oblatio munda.

Algunos me atribuyen la intención de querer

“salvar a la Iglesia”. Por el contrario, rechazo asociarme

con quienes manifiestan este propósito “in directo”.

Ya que, solo Dios, solo Jesús salvará a Su Iglesia

con el Triunfo de Su Madre. De eso estoy seguro,

aunque ignoro el “cómo”.

En cambio, estimo un deber todo sacrificio, hacer

todo lo que esté en mi poder para que perdure sobre

la tierra la Oblatio munda».

Mons. Guérard des Lauriers

(Sodalitium n° 13, marzo 1988)

  Spiritual Father of Sedevacantsm

«Yo no me ordené para cometer sacrilegios».

Padre Joaquín Sáenz y Arriaga, S.J.

 

p.barbara

«El deber de defender la Misa es

un honor y una gracia».

Padre Noël Barbara 

 

vinson«¡Tenemos un faro de verdad, y es Roma!

Seamos apasionados de Roma.

Tengamos por cierto que aquel que no

tiene afección por Roma ya cayó en el error;
y que no se puede caer en un error
(fundamental, grave) sin que falte
afección por Roma. Pidamos este amor
por la Verdad y por la Iglesia».
Padre Georges Vinson

  

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