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8 enero 2020 3 08 /01 /enero /2020 03:21

MURILLO-Bartolome-Esteban-Adoration-des-bergers

Si hay una virtud que el Hijo de Dios ha querido enseñarnos con su Encarnación, es la humildad. Es entonces la fiesta de la Navidad una ocasión más que oportuna para meditar acerca de esta virtud tan cara a Nuestro Señor.

 

La humildad y la oración

  

Humíllate a Dios y espera en sus manos, las cuales en los humildes obran grandes maravillas. Mira esos cielos tan hermosos y tan adornados y hermoseados con tanta variedad de luces, que obras son de las manos de Dios; pues otros cielos tiene él que le parecen mejor y tienen diferente atavío por haber esperado con humildad sus manos. En material vivo que resiste, ningún artífice puede obrar cosa que dure ni mostrar la fuerza de su ingenio, pero sí en materiales muertos, como lo es el madero, y la piedra, y el yeso y cosas semejantes. Lo que quiero decir es que sobre todas las cosas procures la humildad y destierres de tu alma toda presunción, que, por pequeña que parezca, te hará grandísimo daño, y tanto, que pienso yo que todas nuestras pérdidas espirituales, nuestras quiebras en la virtud, nuestro desmedro en la oración, nuestras sequedades y durezas de corazón, el poco gusto en las cosas divinas, el distraimiento en el oficio divino y el tedio y cansancio en el obrar bien tienen de ahí su principio. ¿De qué presumes, polvo y ceniza? ¿Qué tienes de bien que no lo hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si fuera tuyo? Si la humildad no da principio a la oración y la está siempre acompañando, lo que se saca es frialdad y apretura de corazón; pero si hay humildad, humildad verdadera, siempre se sale con ganancia. Si sientes dureza en la oración, la presunción la causa, y si, advirtiendo en ello, te humillas y desconfías de ti, sentirás allá dentro una lumbre que, ablandando aquella dureza y aspereza, ensancha el entendimiento y da confianza al corazón, y viene aquí muy bien lo que les pasó a los hijos de Jacob con su hermano José siendo gobernador de Egipto, que despidiéndolos les hizo juramento que no verían más su cara si no le traían consigo a su hermano menor, Benjamín (Génesis 43, 3). Sub attestatione iuramenti, etc. Eso mismo aseguro yo a todos los contemplativos, que no verán la faz alegre de nuestro Josef Cristo en la oración si no llevan consigo el hermano menor, que es la humildad. Nada soy y nada es mío, y si soy algo, soylo por merced de Dios y gracia suya, y lo que tengo de él lo recibí; un pensamiento santo, si le tengo, le tengo por él. Cosa es experimentada de muchos espirituales varones que tras la humildad verdadera nunca faltan consuelos divinos verdaderos, como no puede faltar la luz del sol en el aposento quitándole el estorbo de la ventana o puerta. Quita, hijo, la presunción de tu alma, y luego y más presto que esta temporal luz, la divina se lanzará a henchir los vacíos de la humildad.

(“Manual de vida perfecta, de Fray Juan de los Ángeles; en “Místicos Franciscanos Españoles”, B.A.C., 1949, págs. 519-520).

  

Letanías de la humildad

 

Señor, ten piedad de nosotros;

Cristo, ten piedad de nosotros;

Señor, ten piedad de nosotros.

Jesús, dulce y humilde de corazón, oídnos.

Jesús, dulce y humilde de corazón, escuchadnos.

 

Del deseo de ser estimado,

del deseo de ser amado,

del deseo de ser buscado,

del deseo de ser alabado,

del deseo de ser honrado,

del deseo de ser preferido,

del deseo de ser consultado,

del deseo de ser aprobado,                            

del deseo de ser halagado,           ¡líbrame, Jesús!

 

del temor de ser humillado,

del temor de ser despreciado,

del temor de ser rechazado,

del temor de ser calumniado,

del temor de ser olvidado,

del temor de ser ridiculizado,

del temor de ser burlado,

del temor de ser injuriado,

 

Oh María, madre de los humildes, rogad por mí.

San José, protector de las almas humildes, rogad por mí.

San Miguel, que fuiste el primero en abatir el orgullo, rogad por mí.

Todos los justos santificados por la humildad, rogad por mí.

 

Oración

Oh Jesús, cuya primera enseñanza ha sido ésta: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”, enseñadme a ser humilde de corazón como vos.

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8 enero 2020 3 08 /01 /enero /2020 03:20

MURILLO-Bartolome-Esteban-Adoration-des-bergers¿Qué es Navidad?

Navidad es la fiesta instituida para celebrar la memoria del nacimiento temporal de Jesucristo.

¿Qué tiene de particular la fiesta de Navidad entre todas las otras fiestas?

Navidad, entre todas las otras fiestas, tiene dos cosas particulares: 1ra, que se celebran los divinos oficios en la noche precedente, según costumbre antigua de la Iglesia en las vigilias; 2da, que todos los sacerdotes celebran tres Misas.

¿Por qué la Iglesia ha querido conservar la costumbre de celebrar de noche los oficios de Navidad?

La Iglesia ha querido conservar la costumbre de celebrar de noche los oficios de Navidad para renovar con vivo reconocimiento la memoria de aquella noche, en que el divino Salvador dio principio con su nacimiento a la obra de nuestra redención.

¿Qué propone la iglesia a nuestra consideración en el Evangelio de la primera Misa de Navidad?

En el Evangelio de la primera Misa de Navidad, la Iglesia propone a nuestra consideración que la Santísima Virgen, en compañía de San José, fue de Nazaret a Belén a empadronarse, según las órdenes del emperador, y no hallando otro albergue, dio a luz a Jesucristo en un establo y le puso en un pesebre o comedero de bestias.

¿Y en el Evangelio de la segunda Misa?

En el Evangelio de la segunda Misa propone la Iglesia a nuestra consideración la visita que hicieron a Jesucristo unos pobres pastores a quienes un ángel anunció el nacimiento del Salvador.

¿Y en el Evangelio de la tercera Misa?

En el Evangelio de la tercera Misa nos hace considerar la Iglesia cómo este Niño que vemos nacer de María Virgen en el tiempo, es desde la eternidad Hijo de Dios.

¿Qué pretende la Iglesia al proponer a nuestra consideración los misterios de las tres Misas de Navidad?

Al proponer a nuestra consideración los misterios de las tres Misa de Navidad, quiere la Iglesia que demos gracias al Redentor divino por haberse hecho hombre por nuestra salvación, le reconozcamos ‒con los pastores‒ y le adoremos como verdadero Hijo de Dios, atendiendo a las enseñanzas que calladamente nos da con las circunstancias de su nacimiento.

¿Qué nos enseña Jesucristo con las circunstancias de su nacimiento?

Con las circunstancias de su nacimiento, Jesucristo nos enseña a renunciar a las vanidades del mundo y a estimar la pobreza y los trabajos.

¿Tenemos obligación de oír tres misas en la fiesta de Navidad?

En la fiesta de Navidad sólo tenemos obligación de oír una Misa; pero es bueno oírlas a todas las tres para conformarnos mejor con las intenciones de la Iglesia.

¿Qué hemos de hacer por Navidad para conformarnos plenamente con las intenciones de la Iglesia?

Por Navidad hemos de hacer estas cuatro cosas: 1ra, prepararnos la víspera con un recogimiento mayor que de costumbre; 2da, procurar gran pureza por medio de una buena confesión y vivos deseos de recibir al Señor; 3ra, asistir, si nos es posible, a los divinos oficios de la noche anterior y a las tres Misas, meditando el misterio que se celebra; 4ta, emplear ese día, cuanto nos sea posible, en obras de cristiana piedad.

 

(“Catecismo Mayor” de San Pío X).

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3 noviembre 2019 7 03 /11 /noviembre /2019 02:57

Condiciones habituales para la Indulgencia Plenaria:  

1 - Cumplir la obra prescripta, con la intención (al menos habitual y general) de ganar la indulgencia.

2 - Confesión (también en la semana que precede o sigue a la obra prescripta) y comunión (también en el día que precede o en la semana que sigue a la obra prescripta).

3 - Si se requiere la visita de una iglesia, se puede hacer desde el mediodía del día anterior.

4 - Hacer cualquier oración vocal por las intenciones de los Sumos Pontífices, es decir, de la Santa Iglesia, que son las siguientes: exaltación de la Fe; extirpación de las herejías; conversión de los pecadores; paz entre los príncipes cristianos.

5 - Estar en estado de gracia.

 

I - Indulgencias que se pueden ganar todo el año:

1 - Requiem æternam, etc… : 300 días c.v.

2 - Pie Jesu Domine, dona eis requiem sempiternam: 300 días c.v.

3 - Maitines y Laudes del Oficio de difuntos: 7 años, Plenaria si durante un mes. CC.

4 - Un Nocturno y Laudes del Oficio de difuntos: 5 años.

5 - Vísperas del Oficio de difuntos: 5 años.

6 - De profundis: 3 años (5 durante el mes de Noviembre).

7 - Pater-Ave-Requiem: 3 años.

8 - Miserere: 3 años.

9 - Dies Iræ: 3 años.

10 - Visita de un cementerio, rezando cualquier oración, aún mental, por los difuntos: 7 años.

11 - Recitar cualquier oración o ejercicio de piedad por los difuntos con la intención de continuar durante 7 o 9 días: 3 años, una vez por día. Plenaria si durante 7 o 9 días sucesivos. CC.

 

II - Indulgencias propias de todo el mes de noviembre:

Cualquier oración o ejercicio de piedad en sufragio de los difuntos: 3 años, una vez por día. Plenaria si cada día del mes. CC.

       

III - Indulgencias excepcionales para los primeros días de noviembre:
- durante la Octava de la Commémoración de los fieles difuntos (del 2 al 9 de Noviembre), Indulgencia plenaria por la visita a un cementerio, rezando cualquier oración, aún mental, por los difuntos. Una vez por día, CC.
el 2 de noviembre y el domingo siguiente (durante la Octava), Indulgencia plenaria por la visita
de una iglesia u oratorio público, recitando 6 Pater-Ave-Gloria c.v. (toties quoties).            


IV - Para los fieles que han hecho el Acto heroico de caridad por las almas del Purgatorio, pueden ganar una Indulgencia Plenaria (CC) :  

- todo el año y a cada comunión hecha en una iglesia u oratorio público.

- cada lunes (y si no es posible, el domingo siguiente) al asistir a una Misa por las almas del Purgatorio.

Para los sacerdotes que han hecho el Acto heroico de caridad, altar privilegiado.

 

Nota: CC=Condiciones habituales; c.v.=cada vez. Enchiridion indulgentiarum, Poliglotte Vaticane 1950.

 

http://www.sodalitium.eu/ 

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10 agosto 2019 6 10 /08 /agosto /2019 16:34

Durante los años 1922 y 1928, el Padre Fray Juan Arintero O.P., famoso dominico español dedicado a la teología mística, tuvo a su cargo la dirección espiritual de la Madre María Magdalena de Jesús Sacramentado, hermana italiana de la congregación de los pasionistas, fundada por San Pablo de la Cruz, y antigua compañera de convento de Santa Gema Galgani.

En el trato epistolar de estas dos almas elegidas se revela no sólo la profunda doctrina teórica de la mística cristiana, a la cual todos estamos llamados, conforme aquello de Nuestro Señor: “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mateo 5, 48); sino que además es de admirar el valor del testimonio personal de la religiosa, cuyas cartas muestran sucesivamente el modo cómo Dios iba conduciendo suaviter et fortiter, suave y firmemente, su alma hacia las altas moradas del espíritu, signada por un lema inconmovible: “En la vida espiritual, detenerse, es retroceder. ¡Adelantar, o morir!, dice uno de los escritos, que nos recuerdan las palabras siempre heroicas de Santa Teresa de Jesús.

Queremos entonces presentar a los fieles una devoción que nació de este corazón amante de Jesús Sacramentado; devoción inspirada en el amor a María Santísima, y así su nombre fue consagrado en la revista “La Vida Sobrenatural, que el Padre Arintero dirigía y desde la cual se promovió esta bellísima obra de piedad católica y mariana: la “Asociación de amor a María Santísima”.

  

¿En qué consiste la “Asociación de amor a María Santísima”?

 

loudDejemos que sea presentada por su autora, en carta fechada el 10 de Mayo de 1922, y dirigida por supuesto al Padre Arintero: “Voy a decirle, Padre, lo que yo llamo el secreto de mis progresos espirituales. Consiste en dos visitas, una por la mañana y otra por la tarde, que hago ya hace algunos años a la Santísima Virgen. (…) Por la mañana hago mi visita a una imagen de la Inmaculada en esta forma: me consagro a Ella en cuerpo y alma, le renuevo mi voto de amor, me considero como una tierra árida, que para producir flores y frutos para Jesús necesita ser regada, y encuentro en Ella la fuente de esta agua de vida eterna. Le ruego que me moje en esa agua preciosa, mientras yo, arrodillada a sus pies, siento descender a mi alma luz, fuerza y valor para luchar y practicar las virtudes. ¡Qué animada para el bien me levanto de los pies de María! Le pido también que viva en mí con sus virtudes, que hable por mi boca y trabaje con mis manos; mas, sobre todo, que ame en mí a Dios y al prójimo; y me conceda, por la dulzura y modestia, atraer las almas como Ella para llevarlas a Dios.

(…)

crucLa visita de la tarde es a una imagen de la Dolorosa. La considero en el Calvario, esperándome que vaya a consolarla. Rezo el “Memorare o piisima”, y después me recojo mentalmente unos minutos. ¡Cuántas cosas pido a la Madre mía! Dejo que el corazón diga lo que quiera, pero siempre pido estas tres gracias: 1ra. Por el dolor que probó en las tres horas, cuando asistió a la muerte de Jesús, me asista en la hora de mi muerte. 2da. Por el dolor que probó al recibirlo muerto en sus brazos, me conceda poderlo recibir Sacramentado en mi corazón en la hora en que tendré que verlo como justo juez. 3ra. Por el dolor que probó en la soledad después del entierro de Jesús, que me asista en el juicio particular, me tenga en sus brazos cuando Jesús pronuncie mi sentencia eterna, y por esos mismos brazos de María sea yo llevada al Cielo”.

 

Esta práctica devota consiste entonces en realizar diariamente:

 

1) La visita matinal a María Inmaculada, consagrándole cuerpo y alma en ese día, para que sea Ella quien obre las virtudes celestiales por medio nuestro;

2) La visita vespertina a María Dolorosa, pidiéndole especialmente tres gracias conforme sus dolores de Madre Corredentora:

a) Nos asista en la hora de la muerte;

b) Nos conceda el recibir a Jesús Sacramentado en el lecho de muerte;

c) Nos asista en el juicio particular, cuando recibamos la sentencia eterna para nuestra alma.

 

Es mucho lo que podríamos decir de la devoción a Nuestra Señora; inagotable siempre pues tiene por objeto a la creatura más hermosa: “de Maria numquam satis”, diríamos con San Bernardo. Valga por ahora esta pequeña propuesta a los fieles católicos, para fomentar el amor a María Santísima, Auxilio de los Cristianos, Fortaleza de los débiles.

 

¡Qué fácil es la santidad cuando conduce María! ¡Qué dichosa es el alma a quien basta María

para hacerse santa!” (Madre María Magdalena de Jesús Sacramentado).

 

(Las citas han sido extraídas del libro “Hacia las cumbres de la unión con Dios”, Madrid, 1984; y que constituye la edición completa de las cartas que se conservan entre ambos religiosos).

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3 marzo 2019 7 03 /03 /marzo /2019 04:06

001 25casaverruaEn enero de 1987, el Instituto Mater Boni Consilii abre en Orio Canavese, en la diócesis de Ivrea, un Seminario, que en 1988 fue transferido a Verrua Savoia, en la diócesis de Casale Monferrato, donde desarrolla hoy su actividad de formación del clero en preparación al sacerdocio.

 

El Seminario y la Iglesia: Posición doctrinal - Situación canónica

 

El Seminario “San Pedro Mártir” se propone preparar a los jóvenes candidatos al sacerdocio católico, en la más estricta fidelidad a la Iglesia Católica Romana. “Corresponde exclusivamente a la Iglesia –recuerda el Reglamento de nuestro Seminario– instituir seminarios (can. 1352) y al Obispo o a la Santa Sede, aprobar sus reglamentos (can. 1357 § 3 y 4). Por lo tanto, en la espera de la institución canónica del Seminario y de la aprobación de su Reglamento, el Seminario San Pedro Mártir no es una realidad de derecho, sino solamente de hecho.001 Guerard002small

Sin embargo, puesto que la formación del clero es de importancia vital para la continuación de la Misión confiada por Nuestro Señor Jesucristo, consideramos nuestro derecho y deber, durante el estado de privación de autoridad en la Iglesia, preparar al sacerdocio a cuantos se sientan llamados por Dios a eso.

A causa de cuanto se ha dicho en los puntos precedentes, la única justificación moral de la existencia de nuestro seminario, sin aprobación canónica, es la situación actual de la Iglesia Católica que ha sido descripta por Mons. M. L. Guérard des Lauriers en la tesis de Cassiciacum. A esta tesis, por consiguiente, deben adherir superiores, profesores y alumnos del seminario”.

 

La vocación sacerdotal

 

No se puede aspirar al sacerdocio si no se ha recibido una vocación o llamada de parte de Dios: “Ni alguno se apropie de ese tal honor, sino quien está llamado por Dios, como Aarón” (Hebr. 5, 4); “no me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he constituido para que vayáis y deis fruto” (Jn. 15, 16); “no todos entienden esta palabra, mas sólo aquellos a los cuáles les es concedido” (Mt. 19, 11). Dios no dejará nunca de suscitar vocaciones sacerdotales, porque ellas son indispensables para la existencia misma de Su Iglesia.

 

Rarísimamente las llamadas son extraordinarias o milagrosas (como aquella de San Pablo); normalmente, Dios manifiesta Su elección a través de la causas segundas creadas. En particular, la Divina Providencia:

1) Hará propicio (o hará superar o compensar) el ambiente familiar y formativo, incluidos los aspectos materiales, económicos, etc.

2) Infundirá y alimentará en los jóvenes las idóneas cualidades físicas, intelectuales y morales;

3) Inspirará en su voluntad el deseo de la vida sacerdotal (particularmente con la devoción al Sacrificio de la Misa), haciendo discernir y juzgar los elementos indicados por el director espiritual;

4) Iluminará a sus superiores eclesiásticos, produciendo en ellos el juicio favorable e induciéndolos a la aceptación.

 

Admisión al seminario

 

Las personas interesadas por el seminario deben escribir al Rector del Seminario San Pedro Mártir (Localitá Carbignano 35/36, 10020 Verrua Savoia (To), Italia), precisando los motivos que los lleva a desear el sacerdocio. En la carta se necesitará adjuntar eventualmente:

 

1) Un “curriculum vitae” del candidato (lugar y fecha de nacimiento, familia, estudios, trabajo, eventuales seminarios ya frecuentados, etc.).

2) Los certificados de bautismo, confirmación, matrimonio religioso de los padres.

3) Copia del diploma de la escuela media superior (madurez).

4) Una carta de presentación del candidato firmada por un sacerdote.

 

La petición de admisión será examinada por el Rector, que valorará si el candidato satisface cuanto es requerido por la Iglesia, particularmente en los cánones 1363-1364 del Código de Derecho Canónico (promulgado por Benedicto XV).

El candidato –de cualquier nacionalidad– debe ser de una edad comprendida entre los 17 y 40 años. Ellos podrán requerir la admisión al Instituto Mater Boni Consilii; sin embargo, “son admitidos también candidatos que, no deseando entrar a formar parte del Instituto Mater Boni Consilii, previo acuerdo con su Instituto o grupo sacerdotal o la recomendación de ellos por parte de un sacerdote de confianza”, sostengan cuanto se ha dicho sobre la posición doctrinal a adoptar en el seminario.

 

Los estudios

 

El año académico comienza con la fiesta de la Dolorosa (15 de septiembre) y termina a fines de junio; los exámenes están previstos para los meses de febrero y de junio. Los cursos se prevén de una duración de seis años: dos de filosofía escolástica, y cuatro de teología. Sea para la filosofía, sea para la teología, se seguirá la doctrina del Doctor Común, Santo Tomás de Aquino (can. 1366).

 

Las clases son dadas en italiano o en francés, mientras que los manuales y textos de estudio son en latín; para quienes no conozcan suficientemente el latín están previstos cursos semanales de recuperación.

 

Liturgia y hábito eclesiástico

 

La Santa Misa y el oficio divino son celebrados exclusivamente en latín y conforme a las rúbricas promulgadas por San Pío X. Desde el momento de la imposición de la sotana, los clérigos deben vestir constantemente el hábito eclesiástico (la sotana).

 

Las Órdenes Sagradas

 

En el curso de los estudios, los seminaristas que lo requieran con el acuerdo del director espiritual y la aprobación del Rector, recibirán las Órdenes Sagradas previstas por el Concilio de Trento: la tonsura, las cuatro órdenes menores, el subdiaconado (que implica la obligación del celibato), el diaconado y el sacerdocio.

Las Órdenes Sagradas son ordinariamente administradas por Mons. Geert Stuyver, del Instituto Mater Boni Consilii, consagrado obispo por Mons. Robert Fidelis Mc Kenna, dominico, a su vez consagrado por el teólogo dominico Mons. Michel Louis Guérard des Lauriers.

 Stuyver001 StemmaMgr

El Padre Guérard des Lauriers recibió la consagración episcopal en 1981, de Mons. Pierre Martin Ngo-dinh-Thuc, que fue Arzobispo de Hué, en Vietnam, y Asistente al Solio Pontificio.

Respecto de la legitimidad de esta consagración, que puede ser justificada en la actual situación de la Iglesia (la Sede Apostólica está formalmente vacante), se puede consultar el opúsculo del Padre Ricossa sobre las consagraciones episcopales, en venta en el Centro Editorial Sodalitium.

 

Conclusión

 

Nuestro Señor Jesucristo ha confiado al sacerdote la celebración del Sacrificio de la Misa, renovación incruenta de aquél del Calvario, único Sacrificio del Nuevo Testamento que rinde a Dios la gloria que le es debida.

Al sacerdote solamente le ha confiado la administración de los sacramentos, canales de la gracia e instrumento privilegiado para la salvación de las almas. Los jóvenes que tengan las cualidades físicas, intelectuales y morales para el sacerdocio, pregúntense si tal vez Jesucristo no les dirige también a ellos las palabras: “ven y sígueme”.

Los Ejercicios Espirituales según el método de San Ignacio de Loyola son un medio óptimo, recomendado por la Iglesia, para descubrir la propia vocación.

En estos tiempos particularmente difíciles, sacerdotes celosos, preparados y piadosos son todavía más necesarios que en el pasado para la salvación de la almas. ¿Por qué deben ser los demás y no podría ser yo, quien responda a la llamada de Jesucristo?

 

http://www.sodalitium.it/

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11 mayo 2018 5 11 /05 /mayo /2018 07:27

orac.jpgPedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque quien pide recibe, quien busca halla y a quien llama se le abre” (Mateo 7, 7-8). Estas palabras del Evangelio debieran ser más recordadas por los fieles católicos: nos confirman en la certeza de que cuanto pidiéremos con la debida Fe, Dios nos lo dará. “Todo cuanto pidiereis en la oración lo recibiréis”, dice Nuestro Señor (Mateo 21, 22).

Ahora bien: ¿cuáles son los alcances de estas promesas? Porque, evidentemente, no puede Nuestro Señor prometernos algo que no cumplirá; como tampoco puede obligarse a cumplir, si lo que pedimos no fuera bueno para nuestras almas. Él desea nuestra santificación, y nosotros debemos desear Su glorificación. Entonces, ¿cuál es el rol de la oración impetratoria, es decir, de “petición”?

 

El teólogo Antonio Royo-Marín O.P., dominico español, afirma en su “Teología de la perfección cristiana” una conclusión certísima: “la oración, revestida de las debidas condiciones, obtiene infaliblemente lo que pide en virtud de las promesas de Dios”; y luego pasa a probar esta tesis, fundándola en la sana doctrina de Santo Tomás, según el cual hay cuatro condiciones necesarias para que nuestra oración impetratoria sea infalible, es decir, consiga de manera firme y cierta los dones que pedimos a Dios para el bien de nuestras almas. Estas condiciones son:

 

1) Pro se petat: Esto es, que en la oración se pida por uno mismo. Y la razón es porque la concesión de una gracia divina requiere de un sujeto dispuesto a recibirla; y de esto no podemos tener certeza respecto a nuestros prójimos, quienes podrían estar en mala disposición ante el influjo de la gracia de Dios; mientras que, orando por nosotros mismos, nos disponemos ya por ese mismo hecho a ser oídos por Dios. Esto no quiere decir, por supuesto, que no deba rezarse por el prójimo: al contrario, es obra de gran virtud y mérito, mediante la cual podemos incluso pedir a Dios que remueva los obstáculos que estén privando a un alma de recibir las gracias del Cielo. Pero por la razón antes dicha, no podemos tener certeza de que esa alma dejará de resistir a Dios, disponiéndose humildemente a hacer Su voluntad.

2) Necessaria ad salutem: Esto es, que la oración refiera a algo útil o necesario para la salvación de nuestra alma. Así, podemos pedir las gracias eficaces para crecer en las virtudes teologales y morales, o en los dones del Espíritu Santo; o pedir la importantísima gracia de la perseverancia final, que el Santo Concilio de Trento definió como un “gran y especial don”; gracia que puede ser invocada conforme a la hermosa devoción de la “Asociación de Amor a María Santísima”, que en Oblatio Munda hemos presentado.

3) Pie: Esto es, que la oración debe revelar la piedad del orante, lo cual implica a su vez estas cuatro condiciones: humildad; firme confianza en Dios; pedir en nombre de Cristo; y atención durante la oración, evitando las distracciones voluntarias.

4) Perseveranter: Esto es, se debe perseverar resueltamente en la oración, hasta obtener de Dios ese bien útil o necesario para la salvación de nuestras almas. El mejor ejemplo que ilustra esta condición es la parábola del amigo inoportuno, que pide una y otra vez los tres panes, hasta que el dueño de casa, ya cansado, decide dárselos (Lucas 11, 5-13). Dios no nos rehusará nunca aquello que pidamos para alcanzar nuestra santificación y Su glorificación.

 

Considerando estas cuatro condiciones, y la necesidad imperante de la oración, que nunca será suficientemente recordada ante el pueblo católico, imitemos el ejemplo de Nuestro Señor, quien “oraba a Dios durante toda la noche” (Lucas 6, 12); y cuando en la noche oscura del Getsemaní, “lleno de angustia, oraba con más instancia” (Lucas 22, 44). Podemos tener la certeza, conforme a las promesas de Nuestro Señor, que seremos escuchados.

 

(Basado en el libro “Teología de la perfección cristiana”, de Antonio Royo-Marín O.P., Madrid, 1955).

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30 enero 2016 6 30 /01 /enero /2016 04:10

Algunos nos han señalado la presencia en nuestro blog de ciertos molestos “banners” publicitarios. Nuestro blog, con el que tratamos de brindar un poco de ayuda a las almas necesitadas, es gratuito y no contamos entonces con los medios de resolver el problema, nos excusamos por ello. Les aconsejamos la utilización de programas gratuitos que bloquean la publicidad en internet.

Muchas gracias por su ayuda y comprensión.

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17 diciembre 2015 4 17 /12 /diciembre /2015 21:22

Mons. Robert F. McKenna, O.P.
8/07/1927 - 16/12/2015
Requiescat in pace

 

Mons. Robert F. McKenna, religioso dominico y Obispo católico, acaba de fallecer, en Estados Unidos, a la edad de 88 años.

Mons. McKenna había sido ordenado sacerdote en la Orden dominica por el Cardenal Amleto Cicognani (1883-1973), y había recibido la consagración episcopal, el 22 de agosto de 1986, en Raveau, de Mons. Guérard des Lauriers O.P., ya que compartía la “Tesis de Cassiciacum” del gran teólogo dominico francés sobre la vacancia de la Sede Apostólica.

Amigo del Instituto Mater Boni Consilii, varias veces vino en nuestra ayuda para administrar los sacramentos afrontando el largo viaje hacia Europa. Había venido a Verrua por primera vez en 1991 (para la ordenación del P. Giugni), luego en 1994 (para la ordenación del P. Cazalas), en 1996, a Bélgica (para la ordenación del P. Stuyver), y finalmente en 2002 confirió la consagración episcopal a Mons. Geert Stuyver, para asegurar la continuidad del sacerdocio católico.

El Instituto lo recuerda con gran afecto por su bondad, su caridad y su fidelidad a la buena doctrina. Ciertamente no le faltará el sufragio de nuestras oraciones y recomendamos su bella alma a las oraciones de nuestros fieles y amigos.

Haz Señor que el alma de tu siervo Robert Fidelis, Obispo, la cual has librado del fatigoso combate de este mundo, sea añadida a la sociedad de tus Santos” (Misal Romano).

Requiescat in pace.

Si no vivimos tanto como para ver la victoria, tampoco veremos la derrota” (Homilía de Mons. McKenna en ocasión de la Ordenación del P. Ugolino Giugni, 12 de enero de 1991).

 

http://www.sodalitium.it/

+ Mons. Robert F. McKenna, O.P.
+ Mons. Robert F. McKenna, O.P.

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1 marzo 2014 6 01 /03 /marzo /2014 21:52

Un paso importante para restaurar la Liturgia Tradicional  

 

El Misal de altar anterior a 1955 finalmente será reimpreso  

 

Por el R.P. Anthony Cekada  

 

www.SGGResources.org 

 

Durante más o menos los últimos veinte años, los católicos que critican la reforma de la Misa posterior al Vaticano II se han vuelto cada vez más concientes de que el nuevo rito no vino de la nada, y que algunos de sus elementos aparecieron como globos de ensayo en los cambios litúrgicos promulgados por Pío XII y Juan XXIII, durante los años 1955-1962. Por otra parte, todo el mundo sabe ahora que la persona principalmente responsable de estos cambios anteriores al Vaticano II, es el mismo hombre que personalmente supervisó la creación de la Nueva Misa después del Vaticano II: el Padre Annibale Bugnini.  

 

Yo mismo he escrito extensamente sobre las razones para el retorno al Misal anterior a 1955, como parte de un programa para restaurar la íntegra, tradicional y atemporal liturgia católica. Las formas provisorias que allanaron el camino para los cambios posteriores al Vaticano II, particularmente el Misal de Juan XXIII de 1962, autorizado por Benedicto XVI en el 2007, representan la transición más que la tradición.  

 

Por esta razón, mi libro Work of Human Hands: A Theological Critique of the Mass of Paul VI[Fruto del Trabajo del Hombre: Crítica Teológica de la Misa de Pablo VI] contiene un apéndice titulado Which Missal Should Be Used [Qué Misal debe ser utilizado], que recomienda que todos los grupos tradicionalistas regresen al uso del Misal antiguo. Concluía expresando la esperanza de que pudiera un día ser reimprimido.

 

Al ser más ampliamente conocido el hecho de los desafortunados cambios anteriores al Vaticano II, hubo inevitablemente más llamados a retornar al Misal, rúbricas y calendario antiguos. Sin embargo, aunque hay excelentes ediciones en latín-vernáculo del antiguo Misal, del libro de canto Liber Usualis, junto con la excelente edición anual del Ordo para el sacerdote de St Lawrence Press, ampliamente disponibles desde hace varias décadas, las ediciones del Misal de altar para el sacerdote se volvieron cada vez más difíciles de encontrar.  

 

Me complace anunciarles que se ha resuelto el problema. A principios de este mes, Roman Catholic Archive, una editorial de libros litúrgicos tradicionales recientemente fundada, anunció la impresión de una nueva edición de alta calidad del Misal de altar anterior a 1955. Este es un proyecto que muchos sacerdotes tradicionalistas esperaban desde hacía realmente mucho tiempo.  

 

Por una feliz coincidencia, este Misal aparece en el 2014, del centésimo aniversario de la muerte del Papa San Pío X. Por ser el resultado final de las reformas litúrgicas implementadas por este gran Papa y martillo de modernistas, es a menudo llamado con razón “el Misal de San Pío X”.  

 

Dado que un Misal está en constante uso todos los días, durante años y décadas, la calidad física del libro es una consideración primordial. Sobre este punto, dice el anuncio de lanzamiento del editor:  

 

Este Missale está hecho con la más fina artesanía hoy disponible. La encuadernación está realizada en cuero genuino triplemente reforzado, con guardas en dorado que se alisan cuando se abre. El estampado dorado en las cubiertas internas y externas es realmente apropiado para el altar. Los marcadores de página están realizados en cuero genuino y los nervios del lomo están hechos de materiales naturales. Este Missale está hecho para durar”.  

 

Se presenta en un práctico tamaño, 11.5” x 8.5” x 2.75” (29 cm x 22 cm x 7 cm), que lo hace adecuado para el uso en grandes y pequeños altares. También es un tamaño cómodo para el estudio. La tipografía y el diseño de las páginas que se ven en el anuncio de lanzamiento son muy atrayentes. A lo largo del Misal aparecen los clásicos grabados litúrgicos, que embellecen los días de grandes fiestas.  

 

Hoy hablé con el editor. Está muy comprometido con este proyecto, en el que ha estado trabajando durante cinco años. Ha invertido sus propios fondos, y parece muy bien informado respecto de todos los elementos que implica un proyecto tan complejo como éste. También se ha mostrado agradecido por una serie de sugerencias prácticas que hice sobre detalles que solamente un sacerdote (y apasionado de la liturgia como soy) conocería: dónde colocar las memorias comunes para que sean fácilmente accesibles, algunas vueltas de página (es decir, un diseño inteligente de ciertos pasajes para que no se interrumpa la lectura), el número de marcadores, el agregado de algunos textos más recientes que podrían haberse olvidado, etc.  

 

El precio de suscripción antes de la publicación del Misal es de 450 U$S (aproximadamente 330 €). Es muy razonable para un libro de alta calidad que debe ser empleado cada día por varios sacerdotes durante décadas.  

 

¿Quién debe encargarlo?  

 

1. Todo sacerdote y toda capilla que utilice el Misal anterior a 1955. Obviamente. Cualquiera sea el estado del libro que está ahora en su altar, no durará para siempre. Es posible que el Misal que Usted utiliza comience a estar o esté ya desgastado. Puede reemplazarlo ahora, o puede comprar otro para tener en reserva. Nunca se sabe cuándo estará disponible un nuevo Misal.  

2. Los estudiantes de sagrada liturgia. No hay nada como tener un libro de verdad, de buen tamaño y con una buena encuadernación, a utilizar para el estudio en especial de la sagrada liturgia, que se lleva a cabo en el mundo real y no en el virtual.  

3. Los sacerdotes que piensan en usar el Misal antiguo. Si Usted emplea el Misal del ‘62, tener esta nueva edición le dará una base concreta para comparar la liturgia anterior a 1955 con la versión que está utilizando. La antigua liturgia no es tan complicada como algunos dicen.  

4. Los sacerdotes que emplean algunas revisiones de Pío XII. Sorprendentemente, este Misal le será más útil que la versión del ‘62. Pío XII ordenó que no se hiciesen cambios en los textos de los misales, por lo tanto casi todo en este Misal, fuera de la Semana Santa, es idéntico al Misal que Usted emplea. La diferencia principal es que será un libro nuevo, en perfectas condiciones. Para aquellos que aún deseen utilizar la Semana Santa reformada, siempre está fácilmente disponible en un libro separado, el Ordo Hebdomadæ Sanctæ.    

 

El impresor y el encuadernador piden un adelanto considerable, por eso, cuanto más pronto el editor reciba los encargos, tanto más rápido estarán disponibles estos preciosos libros. ¡Apoye este proyecto ‒que es un paso importante en el proceso de restauración de la liturgia tradicional en todas partes‒ y encargue uno o varios ejemplares!  

 

Para pedidos e información, haga clic aquí.  

 

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16 marzo 2013 6 16 /03 /marzo /2013 10:32

Incertidumbre de la hora de la muerte

Estote parati, quia qua hora non putatís, filius hominis veniet. Estad prevenidos, porque a la hora que menos pensáis vendrá el Hijo del Hombre (Lc. 12, 40).
Certísimo es que todos hemos de morir, mas no sabemos cuándo. Nada hay más cierto que la muerte
dice el idiota pero nada más incierto que la hora de la muerte. Determinados están, hermano mío, el año, el mes, el día, la hora y el momento en que tendrás que dejar este mundo y entrar en la eternidad; pero nosotros lo ignoramos.
Nuestro Señor Jesucristo, con el fin de que estemos siempre bien preparados, nos dice que la muerte vendrá como ladrón oculto y de noche (1 Ts. 5, 2). Otras veces nos exhorta a que estemos vigilantes, porque cuando menos lo pensemos vendrá Él mismo a juzgarnos (Lc. 12, 40).
Decía San Gregorio que Dios nos encubre para nuestro bien la hora de la muerte, con objeto de que estemos siempre apercibidos a morir: De morte incerti sumus, ut ad mortem semper parati inveniamur. Y puesto que la muerte en todo tiempo y en todo lugar puede arrebatarnos, menester es
dice San Bernardo que si queremos bien morir y salvarnos, estemos esperándola en todo lugar y en todo tiempo: Mors ubique te expectat; tu ubique eam expectabis.
Nadie ignora que ha de morir; pero el mal está en que muchos miran la muerte tan a lo lejos, que la pierden de vista. Hasta los ancianos más decrépitos y las personas más enfermizas se forjan la ilusión de que todavía han de vivir tres o cuatro años. Yo, al contrario, digo que debemos considerar cuántas muertes repentinas vemos todos los días. Unos mueren caminando, otros sentándose, otros durmiendo en su lecho.
Y seguramente ninguno de éstos creía que iba a morir tan de improviso, en aquel día en que murió. Afirmo, además, que de cuantos en este año murieron en su cama, y no de repente, ninguno se figuraba que acabaría su vida dentro del año. Pocas muertes hay que no sean imprevistas.
Así, pues, cristianos, cuando el demonio os provoca a pecar con el pretexto de que mañana os confesaréis, decidle: ¿Qué sé yo si hoy será el último de mi vida?... Si esa hora, si ese momento en que me apartase de Dios fuese el postrero para mí, y ya no hubiese tiempo de remediarlo, ¿qué sería de mí en la eternidad?
¿A cuántos pobres pecadores no ha sucedido que al recrearse con envenenados manjares los ha salteado la muerte y enviado al infierno? Como los peces en el anzuelo, así serán cogidos los hombres en el tiempo malo (Ecl. 9, 12). El tiempo malo es propiamente aquel en que el pecador está ofendiendo a Dios. Y si el demonio os dice que tal desgracia no ha de sucederos, respondedle vosotros: “Y si me sucediere, ¿qué será de mí por toda la eternidad ?”
Señor, el lugar en que yo debía estar ahora no es en éste que me hallo, sino el infierno, tantas veces merecido por mis pecados: Infernus domus mea est. Mas San Pedro me adviene que Dios espera con paciencia por amor a nosotros, no queriendo que perezca ninguno, sino que todos se conviertan a penitencia (2 P. 3, 9).
De suerte que Vos mismo, Señor, habéis tenido conmigo paciencia extremada y me habéis sufrido porque no queréis que me pierda, sino que, arrepentido y penitente, me convierta a Vos. Sí, Dios mío, a Ti vuelvo; me postro a tus plantas y te pido misericordia.
Para perdonarme, ha de ser, Señor, vuestra piedad grande y extraordinaria (Sal. 50, 3), porque os he ofendido a sabiendas. Otros pecadores os han ofendido también, pero no disfrutaban de las luces que me habéis otorgado. Y con todo eso, todavía me mandáis que me arrepienta de mis culpas y espere vuestro perdón.
Duélame, carísimo Redentor mío, me pesa de todo corazón de haberos ofendido, y espero que me perdonaréis por los merecimientos de vuestra Pasión. Vos, Jesús mío, siendo inocente, quisisteis, como reo, morir en una cruz y derramar toda vuestra Sangre para lavar mis culpas. ¡Oh inocente Sangre, lava las culpas de un penitente!

¡Oh Eterno Padre, perdonadme por amor a Cristo Jesús! Atended sus súplicas ahora que, como abogado mío, os ruega por mí. Más no me basta el perdón, ¡oh Dios, digno de amor infinito!; deseo además la gracia dé amaros. Os amo, ¡oh Soberano Bien!, y os ofrezco para siempre mi cuerpo, mi alma, mi voluntad.
Quiero evitar en lo sucesivo no sólo las faltas graves, sino las más leves, y huir de toda mala ocasión. Ne nos inducas in tentationem. Libradme, por amor a Jesús, de cualquiera ocasión en que pudiera ofenderos. Sed libera nos a malo. Libradme del pecado, y castigadme luego como quisiereis.
Acepto cuantas enfermedades, dolores y trabajos os plazca enviarme, con tal que no pierda vuestro amor y gracia. Y pues prometisteis dar lo que os pidiere (Jn. 16, 24), yo os demando sólo la perseverancia y vuestro amor.
¡Oh María, Madre de misericordia, rogad por mí, que confío en Vos!

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Oblatio Munda

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«Es necesario que perdure sobre la tierra

la Oblación pura, la Oblatio munda.

Algunos me atribuyen la intención de querer

“salvar a la Iglesia”. Por el contrario, rechazo asociarme

con quienes manifiestan este propósito “in directo”.

Ya que, solo Dios, solo Jesús salvará a Su Iglesia

con el Triunfo de Su Madre. De eso estoy seguro,

aunque ignoro el “cómo”.

En cambio, estimo un deber todo sacrificio, hacer

todo lo que esté en mi poder para que perdure sobre

la tierra la Oblatio munda».

Mons. Guérard des Lauriers

(Sodalitium n° 13, marzo 1988)

  Spiritual Father of Sedevacantsm

«Yo no me ordené para cometer sacrilegios».

Padre Joaquín Sáenz y Arriaga, S.J.

 

p.barbara

«El deber de defender la Misa es

un honor y una gracia».

Padre Noël Barbara 

 

vinson«¡Tenemos un faro de verdad, y es Roma!

Seamos apasionados de Roma.

Tengamos por cierto que aquel que no

tiene afección por Roma ya cayó en el error;
y que no se puede caer en un error
(fundamental, grave) sin que falte
afección por Roma. Pidamos este amor
por la Verdad y por la Iglesia».
Padre Georges Vinson

  

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