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16 marzo 2013 6 16 /03 /marzo /2013 10:32

Incertidumbre de la hora de la muerte

Estote parati, quia qua hora non putatís, filius hominis veniet. Estad prevenidos, porque a la hora que menos pensáis vendrá el Hijo del Hombre (Lc. 12, 40).
Certísimo es que todos hemos de morir, mas no sabemos cuándo. Nada hay más cierto que la muerte
dice el idiota pero nada más incierto que la hora de la muerte. Determinados están, hermano mío, el año, el mes, el día, la hora y el momento en que tendrás que dejar este mundo y entrar en la eternidad; pero nosotros lo ignoramos.
Nuestro Señor Jesucristo, con el fin de que estemos siempre bien preparados, nos dice que la muerte vendrá como ladrón oculto y de noche (1 Ts. 5, 2). Otras veces nos exhorta a que estemos vigilantes, porque cuando menos lo pensemos vendrá Él mismo a juzgarnos (Lc. 12, 40).
Decía San Gregorio que Dios nos encubre para nuestro bien la hora de la muerte, con objeto de que estemos siempre apercibidos a morir: De morte incerti sumus, ut ad mortem semper parati inveniamur. Y puesto que la muerte en todo tiempo y en todo lugar puede arrebatarnos, menester es
dice San Bernardo que si queremos bien morir y salvarnos, estemos esperándola en todo lugar y en todo tiempo: Mors ubique te expectat; tu ubique eam expectabis.
Nadie ignora que ha de morir; pero el mal está en que muchos miran la muerte tan a lo lejos, que la pierden de vista. Hasta los ancianos más decrépitos y las personas más enfermizas se forjan la ilusión de que todavía han de vivir tres o cuatro años. Yo, al contrario, digo que debemos considerar cuántas muertes repentinas vemos todos los días. Unos mueren caminando, otros sentándose, otros durmiendo en su lecho.
Y seguramente ninguno de éstos creía que iba a morir tan de improviso, en aquel día en que murió. Afirmo, además, que de cuantos en este año murieron en su cama, y no de repente, ninguno se figuraba que acabaría su vida dentro del año. Pocas muertes hay que no sean imprevistas.
Así, pues, cristianos, cuando el demonio os provoca a pecar con el pretexto de que mañana os confesaréis, decidle: ¿Qué sé yo si hoy será el último de mi vida?... Si esa hora, si ese momento en que me apartase de Dios fuese el postrero para mí, y ya no hubiese tiempo de remediarlo, ¿qué sería de mí en la eternidad?
¿A cuántos pobres pecadores no ha sucedido que al recrearse con envenenados manjares los ha salteado la muerte y enviado al infierno? Como los peces en el anzuelo, así serán cogidos los hombres en el tiempo malo (Ecl. 9, 12). El tiempo malo es propiamente aquel en que el pecador está ofendiendo a Dios. Y si el demonio os dice que tal desgracia no ha de sucederos, respondedle vosotros: “Y si me sucediere, ¿qué será de mí por toda la eternidad ?”
Señor, el lugar en que yo debía estar ahora no es en éste que me hallo, sino el infierno, tantas veces merecido por mis pecados: Infernus domus mea est. Mas San Pedro me adviene que Dios espera con paciencia por amor a nosotros, no queriendo que perezca ninguno, sino que todos se conviertan a penitencia (2 P. 3, 9).
De suerte que Vos mismo, Señor, habéis tenido conmigo paciencia extremada y me habéis sufrido porque no queréis que me pierda, sino que, arrepentido y penitente, me convierta a Vos. Sí, Dios mío, a Ti vuelvo; me postro a tus plantas y te pido misericordia.
Para perdonarme, ha de ser, Señor, vuestra piedad grande y extraordinaria (Sal. 50, 3), porque os he ofendido a sabiendas. Otros pecadores os han ofendido también, pero no disfrutaban de las luces que me habéis otorgado. Y con todo eso, todavía me mandáis que me arrepienta de mis culpas y espere vuestro perdón.
Duélame, carísimo Redentor mío, me pesa de todo corazón de haberos ofendido, y espero que me perdonaréis por los merecimientos de vuestra Pasión. Vos, Jesús mío, siendo inocente, quisisteis, como reo, morir en una cruz y derramar toda vuestra Sangre para lavar mis culpas. ¡Oh inocente Sangre, lava las culpas de un penitente!

¡Oh Eterno Padre, perdonadme por amor a Cristo Jesús! Atended sus súplicas ahora que, como abogado mío, os ruega por mí. Más no me basta el perdón, ¡oh Dios, digno de amor infinito!; deseo además la gracia dé amaros. Os amo, ¡oh Soberano Bien!, y os ofrezco para siempre mi cuerpo, mi alma, mi voluntad.
Quiero evitar en lo sucesivo no sólo las faltas graves, sino las más leves, y huir de toda mala ocasión. Ne nos inducas in tentationem. Libradme, por amor a Jesús, de cualquiera ocasión en que pudiera ofenderos. Sed libera nos a malo. Libradme del pecado, y castigadme luego como quisiereis.
Acepto cuantas enfermedades, dolores y trabajos os plazca enviarme, con tal que no pierda vuestro amor y gracia. Y pues prometisteis dar lo que os pidiere (Jn. 16, 24), yo os demando sólo la perseverancia y vuestro amor.
¡Oh María, Madre de misericordia, rogad por mí, que confío en Vos!

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15 enero 2013 2 15 /01 /enero /2013 21:14

Publicamos una nueva versión de la lista, y pedimos, como de costumbre, a los diferentes sitios que han publicado dicho directorio que presenten desde ahora la versión corregida. Les agradecemos a todos. 

 

Para descargar la lista, haga click AQUÍ.

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11 enero 2013 5 11 /01 /enero /2013 09:56

La misa mensual que varios sacerdotes han celebrado graciosamente por el triunfo de la Santa Iglesia y la unidad en la Caridad de todos los fieles que profesan íntegramente la Fe Católica, ha terminado en este mes de enero. Agradecemos calurosamente a cada uno de los sacerdotes que han ofrecido la Santa Misa por esta intención, así como a todos aquellos que se han unido por la oración. Pero esta intención debe continuar estando presente en nuestros corazones y no debemos dejar de rezar y hacer penitencia para acelerar el Reinado del Sagrado Corazón de Jesús por el Corazón Inmaculado de María. Buen y Santo año para todos.

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8 diciembre 2012 6 08 /12 /diciembre /2012 21:47

I. María es la más privilegiada y amada de Dios entre todas las puras criaturas.

II. María es Madre de Dios.

Por consiguiente, todo el honor que tributamos a María redunda en honor de Dios.

III. María es nuestra Madre y Abogada en el cielo.

Jesús desde la cruz dijo a su discípulo Juan: He ahí a tu madre, refiriéndose a María.

San Juan representa a todos los buenos cristianos, a quienes Jesús dio por madre a su propia Madre.

IV. El ser devoto de María es señal de predestinación, según dicen San Anselmo y otros santos.

Predestinación significa ser elegido para el cielo.

V. La Santa Iglesia nos da ejemplo de cómo debemos ser devotos de María.

La honra con un culto superior al de todos los Santos.

Le dedica muchos templos muy suntuosos, e imágenes muy devotas.

Tiene establecidas muchas festividades, oraciones y prácticas devotas en su honor.

VI. Dios se complace en conceder gracias muy extraordinarias, y a veces hasta milagrosas, a los que con  fe acuden a María.

Para ser verdadero devoto de María se debe procurar:

1) Evitar el pecado e imitar sus virtudes.

Lo que más aborrece María es el pecado.

Debemos procurar imitar a María especialmente en la humildad, castidad y caridad.

2) Comulgar a menudo.

Causa gran satisfacción a María el vernos unidos con Jesús en la Sagrada Comunión.

3) Rezar el Santo Rosario, llevar escapulario o medalla y practicar otras obras piadosas en su honor.

Además del Ave María la Santa Iglesia nos enseña a implorar la protección de la Virgen María con la Salve.

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2 diciembre 2012 7 02 /12 /diciembre /2012 22:56

En la madrugada del domingo 18 de noviembre ha fallecido el sacerdote Luigi Villa, fundador de los “Operarios de María Inmaculada” y director de la publicación mensual Chiesa viva”. Don Villa nació en Lecco el 3 de febrero de 1918 y fue ordenado sacerdote el 28 de julio de 1942, en el Instituto misionero fundado por el Padre Comboni. En 1956 abandonó el Instituto religioso misionero y fue incardinado sucesivamente en las diócesis de Ferrara, Chieti y finalmente de Brescia, donde se estableció definitivamente. Doctor en Teología, fundador, ya en 1967, de la Editorial “Civiltà”, fue muy estimado en Roma durante el pontificado de Pío XII: en el primer Congreso Internacional de Estudios del Movimiento “Chiesa viva”, celebrado en Roma del 1° al 4 de octubre de 1974, Don Villa pudo contar, entre otros, no sólo con la participación de los Cardenales Ottaviani, Parente, Palazzini y Oddi, sino también de teólogos como el Padre Roschini, el Padre Fabro, el Padre Joseph de Sainte Marie (Salleron), el Abbé Luc Lefèvre (de la “Pensée Catholique”) y muchos otros, también extranjeros; sorprendentemente, recibió cartas de aliento incluso del Cardenal Vicario Poletti, y del Cardenal Seper. De hecho, aun situándose en la huella del Magisterio de Pío XII y criticando el posconcilio, Don Villa, desde las páginas de su revista “Chiesa Viva”, cuyo primer número se remonta a septiembre de 1971, permaneció por mucho tiempo entre quienes aceptaban tanto el Concilio Vaticano II como la reforma litúrgica y el nuevo misal, que él, entre otras cosas, continuó utilizando habitualmente; aun cuando su revista, perdiendo así apoyos y aprobaciones, comenzó a criticar cada vez más al propio Concilio y la reforma litúrgica. Cosa que hizo incluso denunciando la infiltración masónica en la Iglesia, como ya había hecho Don Putti con su revista quincenal anti-modernista “Sí Sí, no no” (publicación nacida en 1975, en Grottaferrata), pero pecando a menudo de una total falta de sentido crítico y de verificar las fuentes, echando así a veces el descrédito sobre lo que podría haber sido una batalla anti-masónica mucho más eficaz. Otra incoherencia que creemos ha minado la obra de Don Villa fue, como ya señalamos, la de atacar, con razón, al Vaticano II y sus reformas, pero permanecer al mismo tiempo en comunión con los autores de estas reformas, a los cuales él mismo denunció abiertamente en los últimos años, mientras permanecía –repitámoslo– inexplicablemente ligado al nuevo rito que sin embargo condenaba en sus escritos o en los de sus colaboradores.

No sabemos qué sucederá con las obras por él fundadas durante su largo apostolado terrenal, obras que en los últimos años le atrajeron la atención y el favor de muchos “sedevacantistas” extranjeros, ignorantes de las auténticas posiciones de Don Villa. Mirando hacia el pasado, a pesar de las inevitables críticas, no se puede ignorar una obra tan larga y valiente por parte de un sacerdote que, con la intención de defender la Fe, supo renunciar a los honores del mundo y a una fecunda y tranquila carrera eclesiástica. Por lo tanto, la revista “Sodalitium”, nacida recién en 1983, dirige un saludo respetuoso a uno de los pioneros de la defensa de la Tradición Católica en Italia, y recomienda a la piedad de todos sus lectores una oración en sufragio por el alma sacerdotal de Don Luigi Villa.

 

http://www.sodalitium.it/

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21 septiembre 2012 5 21 /09 /septiembre /2012 15:15

Para responder a nuestro deseo de mejorar el directorio de centros de misa“non una cum” que hemos publicado, se nos han transmitido algunas correcciones que queremos tener en cuenta. Es por eso que publicamos una nueva versión de la lista, y pedimos a los diferentes sitios que han publicado dicho directorio que presenten desde ahora la versión corregida. Les agradecemos a todos.

 

Para descargar la lista, haga click AQUÍ.

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19 septiembre 2012 3 19 /09 /septiembre /2012 17:30

Ya hemos traído en Oblatio Munda algunos textos del gran místico franciscano Fray Juan de los Ángeles. En esta oportunidad, queremos tomar una extensa cita que él presenta desde San Agustín, respecto a uno de los principales enemigos de la vida espiritual, cual es el desordenado amor propio, y sus graves consecuencias no sólo para la propia alma, sino también en nuestras relaciones con el prójimo. Nuestro amor al prójimo es expresión de nuestro amor a Dios y a nosotros mismos: si tal amor no es sobrenatural, firme, bien fundado, sin dudas que dará lugar a todo tipo de desórdenes:

 

San Basilio dice: ‘Aquel es amante de sí que se ama con amor privado y demasiado’. Y para conocer este amor pone algunas señales. Pero con mayor claridad habla de él San Bernardo: ‘El amor carnal o propio es con que ante todas cosas el hombre se ama a sí mismo por sí mismo, porque aun no sabe sino a sí mismo (…) San Agustín, en libro II De Genes. ad litteram, diserta sobre el amor propio admirablemente, y en lo que viene a parar es en que es diámetro [opuesto], se opone a la caridad y le es contrario. Y, por consiguiente, es la mayor peste para el alma, porque la lleva hasta el menosprecio de Dios.

stos.jpgEste es aquel amor que ensucia la intención de los aprovechantes, y no sólo ensucia, sino que, cuanto es de su parte, totalmente la pervierte y la tuerce a sí, y hace algunas, y no pocas veces, que aunque lo que hacemos nos parezca que lo hacemos por amor de Dios, en el hecho de la verdad no a Dios, sino a nosotros, nos tengamos por blanco, sin buscar otra cosa en aquella acción que a nosotros mismos; y aunque también tengamos a Dios por fin y su gloria se nos represente, no es tanto eso cuanto nuestro provecho y gloria lo que nos mueve. Por lo cual digo que el amor propio siempre trae competencia con Dios acerca de la suma honra y primado del fin, queriendo uno y otro para sí; y aunque no alcanza a ser el fin de la intención del hombre y de sus acciones, es cosa certísima que cuanto él puede, aun en los varones espirituales, las ensucia con un contagio suyo. (…)

El que ninguna otra cosa que a sí mismo busca, esto es, su comodidad y gloria, mediante el amor propio, crece de manera en el apetito de ella que nunca se ve harto ni dice basta, semejante en esto al fuego y al infierno. Infinito, inmenso, insaciable le llama Santo Tomás. Y San Agustín cuenta los males que de este infame amor propio proceden. De él los cuidados mordaces que roen y atormentan el corazón; de él las perturbaciones, las tristezas, los miedos, los gozos desatinados, las discordias, las contiendas, las guerras, las asechanzas, las iras, las enemistades, los engaños, la adulación, el hurto, la perfidia, la soberbia, la ambición, la envidia, los homicidios y parricidios; la crueldad, la tiranía, la maldad, la lujuria, la petulancia, la desvergüenza, las fornicaciones, los adulterios, los incestos, los estupros y los demás géneros o diferencias de vicios sensuales; los sacrilegios, las herejías y blasfemias; los perjurios, las opresiones de pobres, las calumnias de los inocentes, las circunvenciones o pleitos en juicio; las prevaricaciones de las leyes todas, humanas y divinas; los testimonios falsos, los juicios perversos, las violencias y latrocinios y todo lo que de mal puede haber, aunque no se haya visto en el mundo ni venido en conocimiento de los hombres. Hasta aquí San Agustín. Y yo digo que maldito sea padre de familia tan mala”.

 

(Extraído del “Manual de vida perfecta”, de Fray Juan de los Ángeles; en “Místicos Franciscanos Españoles”, B.A.C., 1949, págs. 583-584).

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19 septiembre 2012 3 19 /09 /septiembre /2012 17:07

Primera parte

 

En el Evangelio de San Lucas (11, 1-4) aparece una de las escenas más famosas del Nuevo Testamento: aquella en la cual los discípulos piden a Nuestro Señor que les enseñe a orar, y el Maestro les recita la oración distintiva de todo cristiano: el Padrenuestro. Muchos católicos rezan varios, decenas quizás de Padrenuestros al día, y sin embargo no alcanzan a ver las maravillas que en esta oración se esconden. Acostumbrados a la recitación mecánica, no se detienen a contemplar el sentido profundo de las palabras que esta oración encierra: “espántame ver que en tan pocas palabras está toda la contemplación y perfección encerrada, que parece no hemos menester otro libro, sino estudiar en éste”, dice Santa Teresa de Jesús.

 

sdom.jpgEn Oblatio Munda queremos entonces acercar a nuestros lectores la explicación que Santo Tomás trae en su Suma Teológica sobre las diversas partes del Paternóster; explicación característica del Doctor Angélico, por su sencillez, y al mismo tiempo por su gran profundidad.

 

La oración del Señor es perfectísima –comienza Santo Tomás– porque, como dice San Agustín, si oramos recta y congruentemente, nada absolutamente podemos decir que no esté contenido en esta oración. Porque como la oración es como un intérprete de nuestros deseos ante Dios, solamente podemos pedir con rectitud lo que rectamente podemos desear. Ahora bien: en la oración dominical no sólo se piden todas las cosas que rectamente podemos desear, sino hasta por el orden mismo con que hay que desearlas; y así esta oración no sólo nos enseña a pedir, sino que informa y rectifica todos nuestros afectos y deseos”.

 

En esta primera entrega sobre “El Padrenuestro”, revisaremos las dos primeras peticiones de la oración dominical, que encierran el fin último y el fin inmediato de la vida cristiana: la gloria de Dios, y la santificación de la propia alma:

 

Es cosa clara que lo primero que hay que desear es el fin –explica el Doctor Angélico– y después, los medios para llegar a él. Ahora bien: nuestro fin es Dios. Y hacia Él tienden nuestros afectos de dos maneras; la primera, en cuanto queremos la gloria de Dios; la segunda, en cuanto queremos gozar de ella. La primera pertenece al amor con que amamos a Dios en sí mismo; la segunda corresponde al amor con que nos amamos a nosotros en Dios. Y por eso la primera petición del Padrenuestro es santificado sea tu nombre, por la cual pedimos la gloria de Dios; y la segunda es venga a nosotros tu reino, por la cual pedimos llegar a la gloria de su reino, esto es, alcanzar la vida eterna” (1).

 

Aparecen entonces, en el orden del Paternóster, primeramente el doble fin de la vida cristiana: el fin último que es la gloria de Dios, y el fin próximo que es la propia santificación.

Por el primero, pedimos para Dios que Su nombre sea loado, alabado, glorificado en fin y verdaderamente por todas las creaturas. Dios, en su infinita bondad y amor rebosante, ha querido participar su perfecta Verdad, Belleza y Bien con sus creaturas; y en la perfección, en el orden, en la armonía de la creación, ésta glorifica al Creador, como un canto maravilloso que se eleva al Cielo desde las honduras de la tierra: en el conjunto armónico de los elementos, de los minerales, de las plantas, de los animales y del hombre, como rector y señor de la creación, el Cielo contempla extasiado la virtud finísima de Dios, como Artista de tales hermosuras. ¡Aleluya!Alabadle, sol y luna, alabadle todas, lucientes estrellas”; “Alaben el nombre de Yavé, porque Él lo dijo y fueron hechos” (Salmo 148). El mundo es una obra de arte delicada que ha nacido de las manos de Dios: las horribles manchas y sombras que en ese lienzo podemos descubrir, son efectos del triste pero real misterio del mal; de la acción maléfica de Satanás y sus ángeles, y de la herida mortal que el pecado original y actual ocasiona en el espíritu del hombre.

De aquí surge claramente la necesidad de la propia santificación, como el fin inmediato de la vida cristiana, aunque subordinado a la glorificación de Dios: “en hacer tu voluntad, ¡Dios mío!, tengo mi complacencia, y dentro de mi corazón está tu Ley” (Salmo 40, 9).

El Señor ha querido en el plan de Su Providencia, ser exultado en la contemplación de los justos, de los santos. Muchas veces hallamos en las Sagradas Escrituras la palabra “justicia”, empleada como sinónimo de santidad. Así, una de las ocho bienaventuranzas dice “bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia (esto es, de santidad), porque ellos serán saciados” (Mateo 5, 6).

Éste debe ser el hambre, la sed constante del cristiano; “como anhela la cierva las corrientes aguas, así te anhela a ti mi alma, ¡oh Dios!” (Salmo 42, 2).

 

(1) Para una mejor comprensión de este párrafo, invitamos al lector a revisar el artículo ya publicado en Oblatio Munda, titulado “El fin de la vida cristiana, glorificación de Dios y santificación del alma”.

 

Segunda parte

 

Continuamos en la exposición del Padrenuestro, siguiendo la enseñanza de Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico. En la primera parte, habíamos visto el doble fin de la vida cristiana, que ya aparece en las primeras dos intenciones del Paternóster: la gloria de Dios (“santificado sea tu nombre”), y la propia santificación (“venga a nosotros tu reino”). Continúa Santo Tomás:

 

Al fin que acabamos de decir nos puede ordenar algo de dos maneras: directa o indirectamente. Directamente (per se) nos ordena el bien que sea útil al fin. Y este bien puede ser de dos maneras; primaria y principalmente, nos ordena al fin el mérito con que merecemos la bienaventuranza eterna obedeciendo a Dios, y por esto se ponen aquellas palabras: hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo; secundaria e instrumentalmente, todo aquello que puede ayudarnos a merecer la vida eterna, y para esto se dice: el pan nuestro de cada día dánosle hoy. Y esto es verdadero tanto si se entiende del pan sacramental, cuyo uso cotidiano es muy provechoso al hombre (y en el que se comprenden todos los demás sacramentos), como si se entiende del pan material, significando con ese pan todas las cosas necesarias para vivir; porque la Eucaristía es el principal sacramento, y el pan material es el principal alimento”.

 

contempl_cr.jpgEn esta segunda parte, nos referimos a los medios por los cuales podemos alcanzar los fines antes mencionados. Así, vemos que existe un medio principal, directo, por el cual glorificar a Dios y santificar nuestras almas. Este medio es sencillamente, el cumplimiento de Su voluntad: “hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. No podemos hallar mejor ejemplo de esta sumisión incondicional a Dios y Su Plan, que aquel de María Santísima, Madre de Dios, cuando el Ángel se le aparece para anunciarle la buena nueva de la Encarnación, y Ella, turbada quizás ante el gran misterio que se le revelaba; conmovida sin dudas por tan grande determinación, pues en Ella reposaba el destino del género humano; en la Virgen de Nazaret se resolverían las profecías mesiánicas y salvíficas; en Ella tomaría carne el Verbo Divino, y por Él sería perdonado el hombre, elevado a la filiación divina como heredero de Dios, y serían reabiertas las puertas del Cielo… y es ésta sublime creatura, la Virgencita de la casa de David, que dijo “Fiat”, “hágase en mí, según tu palabra”… (Lucas 1, 38).

 

Los ojos del Señor están puestos sobre los que le aman”; “guarda contra el tropiezo, auxilio contra la caída. Eleva el alma y alumbra los ojos, da la salud, la vida y la bendición” (Eclesiástico 34, 19-20). El medio secundario, indirecto para alcanzar los fines de la vida cristiana, será aquel que se encierra en la frase: “el pan nuestro de cada día dánosle hoy”. Qué maravilloso contemplar la sencillez y la confianza de esta petición. Porque no pedimos riquezas ni honores, que muchas veces son más obstáculos para la santidad, que medios para la virtud: “no me des ni pobreza ni riquezas; dame aquello de que he menester” (Proverbios 30, 8); sino que rogamos a Dios por lo necesario, por lo indispensable, tanto para la vida espiritual, en el pan simbólico que figura al Pan Celestial, al Pan de los Ángeles, al Santísimo Sacramento: “Yo soy el Pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan vivirá para siempre, y el pan que Yo le daré es mi carne” (Juan 6, 51); pero también para la vida terrenal, pidiendo el pan nutricio, el alimento que es la alegría del pobre y del necesitado; ejemplo para las almas cegadas por las fantasías y la vanidad del mundo actual: “vanidad de vanidades; todo es vanidad. ¿Qué provecho saca el hombre de todo por cuanto se afana debajo del sol?” (Eclesiastés 1, 2-3).

Y aún más debiéramos sorprendernos. Porque en la petición del pan cotidiano, se encierra otro gran misterio de la vida espiritual, y es aquel del santo abandono a la Divina Providencia:buscad primero el reino y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura. No os inquietéis, pues, por el mañana… bástale a cada día su propio afán” (Mateo 6, 33-34). Es en torno a este hermoso pasaje del Evangelio, que Nuestro Señor ensalza y admira la obra de la Providencia, cuando viste a las florecillas del campo, y alimenta a los pajaritos con todo candor y constancia… si así hace Dios con la hierba del campo, “¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?” (Mateo 6, 30).

 

Tercera parte

 

En esta última parte de la exposición que venimos presentando en Oblatio Munda sobre el Paternóster, conforme a la enseñanza de Santo Tomás, veremos las últimas peticiones que la oración dominical encierra, procurando desentrañar su sentido y así invitar a los fieles a una oración más meditada; los fieles católicos deben crecer en el espíritu confiado en ese diálogo abierto con Dios, cual es la oración íntima del alma.

Ya hemos visto los fines y medios que conforman la vida cristiana: santificar a Dios y ansiar la venida de su reino; cumplir su voluntad, y esperar nuestro pan cotidiano. Veremos ahora la parte final del Padrenuestro, que refiere a los obstáculos que nos impiden la consecución de esos fines, o la buena utilización de esos medios:

 

sdom_2.jpgIndirectamente (per accidens) nos ordenamos a la bienaventuranza removiendo los obstáculos que nos la podrían impedir. Tres son estos obstáculos: el primero y principal es el pecado, que nos excluye directamente del reino de los cielos y por esto decimos perdónanos nuestras deudas. El segundo es la tentación, que es como la antesala del pecado y puede impedirnos el cumplimiento de la divina voluntad, y por esto añadimos no nos dejes caer en la tentación. El tercero, finalmente, lo constituyen todas las demás calamidades de la vida que pueden perturbar nuestra alma, y para ello decimos líbranos de todo mal”.

 

En efecto, “si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (I Juan 1, 8). Ahora bien: es el mismo Jesucristo quien nos adelanta la misericordia divina, no sólo en sus parábolas, por ejemplo en aquellas de la oveja descarriada, de la dracma perdida, o del hijo pródigo (Lucas 15), sino en su mismo obrar, cuando remite los pecados de María Magdalena, arrojada a sus divinos pies: “se le han perdonado sus muchos pecados, puesto que ha amado mucho… Tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lucas 7, 47-50).

Luego está el obstáculo de las tentaciones, sobre las cuales debe estar advertido todo cristiano, esperándolas en la confianza de Dios, que jamás las ocasiona, sino sólo las permite para obrar en nuestras almas un mayor bien, pues que “la tentación prueba al justo, como el fuego al hierro”, según Tomás de Kempis en la “Imitación de Cristo” (Libro I, Cap. 13, 5), y lo cual advierte Santo Tomás al decir que Dios no incita al mal a los pecadores obstinados, sino que sencillamente retira de ellos su gracia, conforme aquello de San Pablo: “de modo que de quien Él quiere, tiene misericordia; y a quien quiere, le endurece” (Romanos 9, 18). “Por esta misma razón –comenta Monseñor Juan Straubinger– pedimos en la sexta petición del Padrenuestro: “y no nos dejes caer (literalmente: no nos introduzcas) en la tentación”.

Y para terminar este Paternóster comentado, valga la cita de uno de los Salmos del Rey Profeta David:  

Líbrame, Yavé, del hombre malo;

defiéndeme del hombre violento,

de esos que en su corazón

maquinan cosas perversas,

que provocan contiendas cada día

(Salmo 139)

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30 junio 2012 6 30 /06 /junio /2012 14:06

Para responder a nuestro deseo de mejorar el directorio de centros de misa non una cum que hemos publicado, se nos han transmitido algunas correcciones que queremos tener en cuenta. Es por eso que publicamos una nueva versión de la lista, y pedimos a los diferentes sitios que han publicado dicho directorio que presenten desde ahora la versión corregida. Les agradecemos a todos. A continuación encontrarán el texto de la introducción que puede leerse en este directorio de centros de misa.

 

Para descargar la lista, haga click AQUÍ.

 

Nota: Esta es una lista de las capillas y centros de Misa pertenecientes a diferentes grupos y comunidades que profesan íntegramente la fe católica, apostólica, romana, y que en consecuencia sostienen públicamente la vacancia actual de la Sede Apostólica. Por ese motivo, no figuran aquí aquellos que profesan herejías o errores contrarios a la enseñanza de la Santa Iglesia Católica Romana, a su doctrina, a su disciplina o a su teología: como es el caso de aquellos relacionados con los “ortodoxos” o “católicos viejos”; o también con los “conclavistas” o con quienes niegan el bautismo de deseo o niegan la validez de las ordenaciones de Mons. Ngo-dinh-Thuc o de Mons. Lefebvre; o quienes han recibido las Órdenes de manera dudosa o contraria al espíritu y praxis de la Iglesia (como es el caso de los “linajes episcopales” que descienden de “Obispos casados”); o quienes colaboran con la Fraternidad San Pío X o con las comunidades “Ecclesia Dei” o “Motu proprio”. Los centros de Misa de esta lista no pertenecen a nadie que, según nuestros conocimientos, esté incluido en las categorías que acabamos de mencionar. Toda ayuda en orden a mejorar, completar o corregir esta lista –que tenga en cuenta los criterios expuestos– es bienvenida.  

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11 junio 2012 1 11 /06 /junio /2012 20:13

cruz_1.JPGEn la capilla San Pío V de Rennes, Francia, el domingo de Pentecostés, luego de la misa cantada, 19 pajes y 9 cruzados, con fervor y alegría, ingresaron o renovaron sus compromisos en la Cruzada Eucarística. El capellán, Padre Romero, entregó a cada uno una hermosa insignia. Emocionante y digna ceremonia que impresionó a los fieles de la capilla. Recemos para que estos nuevos pequeños apóstoles del Sagrado Corazón sean fieles a su lema: “Reza, comulga, sacrifícate, sé apóstol”. Por su parte, pajes y cruzados se comprometieron a rezar especialmente por las intenciones que los fieles les confiaron.

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Oblatio Munda

rpguerard.JPG

«Es necesario que perdure sobre la tierra

la Oblación pura, la Oblatio munda.

Algunos me atribuyen la intención de querer

“salvar a la Iglesia”. Por el contrario, rechazo asociarme

con quienes manifiestan este propósito “in directo”.

Ya que, solo Dios, solo Jesús salvará a Su Iglesia

con el Triunfo de Su Madre. De eso estoy seguro,

aunque ignoro el “cómo”.

En cambio, estimo un deber todo sacrificio, hacer

todo lo que esté en mi poder para que perdure sobre

la tierra la Oblatio munda».

Mons. Guérard des Lauriers

(Sodalitium n° 13, marzo 1988)

  Spiritual Father of Sedevacantsm

«Yo no me ordené para cometer sacrilegios».

Padre Joaquín Sáenz y Arriaga, S.J.

 

p.barbara

«El deber de defender la Misa es

un honor y una gracia».

Padre Noël Barbara 

 

vinson«¡Tenemos un faro de verdad, y es Roma!

Seamos apasionados de Roma.

Tengamos por cierto que aquel que no

tiene afección por Roma ya cayó en el error;
y que no se puede caer en un error
(fundamental, grave) sin que falte
afección por Roma. Pidamos este amor
por la Verdad y por la Iglesia».
Padre Georges Vinson

  

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