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24 diciembre 2016 6 24 /12 /diciembre /2016 00:05

MURILLO-Bartolome-Esteban-Adoration-des-bergers

Si hay una virtud que el Hijo de Dios ha querido enseñarnos con su Encarnación, es la humildad. Es entonces la fiesta de la Navidad una ocasión más que oportuna para meditar acerca de esta virtud tan cara a Nuestro Señor.

 

La humildad y la oración

  

Humíllate a Dios y espera en sus manos, las cuales en los humildes obran grandes maravillas. Mira esos cielos tan hermosos y tan adornados y hermoseados con tanta variedad de luces, que obras son de las manos de Dios; pues otros cielos tiene él que le parecen mejor y tienen diferente atavío por haber esperado con humildad sus manos. En material vivo que resiste, ningún artífice puede obrar cosa que dure ni mostrar la fuerza de su ingenio, pero sí en materiales muertos, como lo es el madero, y la piedra, y el yeso y cosas semejantes. Lo que quiero decir es que sobre todas las cosas procures la humildad y destierres de tu alma toda presunción, que, por pequeña que parezca, te hará grandísimo daño, y tanto, que pienso yo que todas nuestras pérdidas espirituales, nuestras quiebras en la virtud, nuestro desmedro en la oración, nuestras sequedades y durezas de corazón, el poco gusto en las cosas divinas, el distraimiento en el oficio divino y el tedio y cansancio en el obrar bien tienen de ahí su principio. ¿De qué presumes, polvo y ceniza? ¿Qué tienes de bien que no lo hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si fuera tuyo? Si la humildad no da principio a la oración y la está siempre acompañando, lo que se saca es frialdad y apretura de corazón; pero si hay humildad, humildad verdadera, siempre se sale con ganancia. Si sientes dureza en la oración, la presunción la causa, y si, advirtiendo en ello, te humillas y desconfías de ti, sentirás allá dentro una lumbre que, ablandando aquella dureza y aspereza, ensancha el entendimiento y da confianza al corazón, y viene aquí muy bien lo que les pasó a los hijos de Jacob con su hermano José siendo gobernador de Egipto, que despidiéndolos les hizo juramento que no verían más su cara si no le traían consigo a su hermano menor, Benjamín (Génesis 43, 3). Sub attestatione iuramenti, etc. Eso mismo aseguro yo a todos los contemplativos, que no verán la faz alegre de nuestro Josef Cristo en la oración si no llevan consigo el hermano menor, que es la humildad. Nada soy y nada es mío, y si soy algo, soylo por merced de Dios y gracia suya, y lo que tengo de él lo recibí; un pensamiento santo, si le tengo, le tengo por él. Cosa es experimentada de muchos espirituales varones que tras la humildad verdadera nunca faltan consuelos divinos verdaderos, como no puede faltar la luz del sol en el aposento quitándole el estorbo de la ventana o puerta. Quita, hijo, la presunción de tu alma, y luego y más presto que esta temporal luz, la divina se lanzará a henchir los vacíos de la humildad.

(“Manual de vida perfecta, de Fray Juan de los Ángeles; en “Místicos Franciscanos Españoles”, B.A.C., 1949, págs. 519-520).

  

Letanías de la humildad

 

Señor, ten piedad de nosotros;

Cristo, ten piedad de nosotros;

Señor, ten piedad de nosotros.

Jesús, dulce y humilde de corazón, oídnos.

Jesús, dulce y humilde de corazón, escuchadnos.

 

Del deseo de ser estimado,

del deseo de ser amado,

del deseo de ser buscado,

del deseo de ser alabado,

del deseo de ser honrado,

del deseo de ser preferido,

del deseo de ser consultado,

del deseo de ser aprobado,                            

del deseo de ser halagado,           ¡líbrame, Jesús!

 

del temor de ser humillado,

del temor de ser despreciado,

del temor de ser rechazado,

del temor de ser calumniado,

del temor de ser olvidado,

del temor de ser ridiculizado,

del temor de ser burlado,

del temor de ser injuriado,

 

Oh María, madre de los humildes, rogad por mí.

San José, protector de las almas humildes, rogad por mí.

San Miguel, que fuiste el primero en abatir el orgullo, rogad por mí.

Todos los justos santificados por la humildad, rogad por mí.

 

Oración

Oh Jesús, cuya primera enseñanza ha sido ésta: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”, enseñadme a ser humilde de corazón como vos.

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Oblatio Munda

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«Es necesario que perdure sobre la tierra

la Oblación pura, la Oblatio munda.

Algunos me atribuyen la intención de querer

“salvar a la Iglesia”. Por el contrario, rechazo asociarme

con quienes manifiestan este propósito “in directo”.

Ya que, solo Dios, solo Jesús salvará a Su Iglesia

con el Triunfo de Su Madre. De eso estoy seguro,

aunque ignoro el “cómo”.

En cambio, estimo un deber todo sacrificio, hacer

todo lo que esté en mi poder para que perdure sobre

la tierra la Oblatio munda».

Mons. Guérard des Lauriers

(Sodalitium n° 13, marzo 1988)

  Spiritual Father of Sedevacantsm

«Yo no me ordené para cometer sacrilegios».

Padre Joaquín Sáenz y Arriaga, S.J.

 

p.barbara

«El deber de defender la Misa es

un honor y una gracia».

Padre Noël Barbara 

 

vinson«¡Tenemos un faro de verdad, y es Roma!

Seamos apasionados de Roma.

Tengamos por cierto que aquel que no

tiene afección por Roma ya cayó en el error;
y que no se puede caer en un error
(fundamental, grave) sin que falte
afección por Roma. Pidamos este amor
por la Verdad y por la Iglesia».
Padre Georges Vinson

  

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