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2 diciembre 2012 7 02 /12 /diciembre /2012 22:56

En la madrugada del domingo 18 de noviembre ha fallecido el sacerdote Luigi Villa, fundador de los “Operarios de María Inmaculada” y director de la publicación mensual Chiesa viva”. Don Villa nació en Lecco el 3 de febrero de 1918 y fue ordenado sacerdote el 28 de julio de 1942, en el Instituto misionero fundado por el Padre Comboni. En 1956 abandonó el Instituto religioso misionero y fue incardinado sucesivamente en las diócesis de Ferrara, Chieti y finalmente de Brescia, donde se estableció definitivamente. Doctor en Teología, fundador, ya en 1967, de la Editorial “Civiltà”, fue muy estimado en Roma durante el pontificado de Pío XII: en el primer Congreso Internacional de Estudios del Movimiento “Chiesa viva”, celebrado en Roma del 1° al 4 de octubre de 1974, Don Villa pudo contar, entre otros, no sólo con la participación de los Cardenales Ottaviani, Parente, Palazzini y Oddi, sino también de teólogos como el Padre Roschini, el Padre Fabro, el Padre Joseph de Sainte Marie (Salleron), el Abbé Luc Lefèvre (de la “Pensée Catholique”) y muchos otros, también extranjeros; sorprendentemente, recibió cartas de aliento incluso del Cardenal Vicario Poletti, y del Cardenal Seper. De hecho, aun situándose en la huella del Magisterio de Pío XII y criticando el posconcilio, Don Villa, desde las páginas de su revista “Chiesa Viva”, cuyo primer número se remonta a septiembre de 1971, permaneció por mucho tiempo entre quienes aceptaban tanto el Concilio Vaticano II como la reforma litúrgica y el nuevo misal, que él, entre otras cosas, continuó utilizando habitualmente; aun cuando su revista, perdiendo así apoyos y aprobaciones, comenzó a criticar cada vez más al propio Concilio y la reforma litúrgica. Cosa que hizo incluso denunciando la infiltración masónica en la Iglesia, como ya había hecho Don Putti con su revista quincenal anti-modernista “Sí Sí, no no” (publicación nacida en 1975, en Grottaferrata), pero pecando a menudo de una total falta de sentido crítico y de verificar las fuentes, echando así a veces el descrédito sobre lo que podría haber sido una batalla anti-masónica mucho más eficaz. Otra incoherencia que creemos ha minado la obra de Don Villa fue, como ya señalamos, la de atacar, con razón, al Vaticano II y sus reformas, pero permanecer al mismo tiempo en comunión con los autores de estas reformas, a los cuales él mismo denunció abiertamente en los últimos años, mientras permanecía –repitámoslo– inexplicablemente ligado al nuevo rito que sin embargo condenaba en sus escritos o en los de sus colaboradores.

No sabemos qué sucederá con las obras por él fundadas durante su largo apostolado terrenal, obras que en los últimos años le atrajeron la atención y el favor de muchos “sedevacantistas” extranjeros, ignorantes de las auténticas posiciones de Don Villa. Mirando hacia el pasado, a pesar de las inevitables críticas, no se puede ignorar una obra tan larga y valiente por parte de un sacerdote que, con la intención de defender la Fe, supo renunciar a los honores del mundo y a una fecunda y tranquila carrera eclesiástica. Por lo tanto, la revista “Sodalitium”, nacida recién en 1983, dirige un saludo respetuoso a uno de los pioneros de la defensa de la Tradición Católica en Italia, y recomienda a la piedad de todos sus lectores una oración en sufragio por el alma sacerdotal de Don Luigi Villa.

 

http://www.sodalitium.it/

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«Es necesario que perdure sobre la tierra

la Oblación pura, la Oblatio munda.

Algunos me atribuyen la intención de querer

“salvar a la Iglesia”. Por el contrario, rechazo asociarme

con quienes manifiestan este propósito “in directo”.

Ya que, solo Dios, solo Jesús salvará a Su Iglesia

con el Triunfo de Su Madre. De eso estoy seguro,

aunque ignoro el “cómo”.

En cambio, estimo un deber todo sacrificio, hacer

todo lo que esté en mi poder para que perdure sobre

la tierra la Oblatio munda».

Mons. Guérard des Lauriers

(Sodalitium n° 13, marzo 1988)

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vinson«¡Tenemos un faro de verdad, y es Roma!

Seamos apasionados de Roma.

Tengamos por cierto que aquel que no

tiene afección por Roma ya cayó en el error;
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